Domingo, 06 de Noviembre de 2011 11:25
Escrito por Jaime A. Fajardo Landaeta
Muchas lecciones nos deja la reciente jornada electoral, así como muy diversos aspectos por resaltar, si se trata de seguir potenciando unas estrategias sólidas en las que la participación ciudadana gane cada vez mayor protagonismo, para asegurar la consolidación de nuestro Estado de Derecho.
Procesos como el que condujo a la victoria del voto en blanco en el vecino municipio de Bello representan una oportunidad de oro para enarbolar esta bandera en la lucha contra la politiquería, la corrupción y la imposición de candidatos únicos desde unas esferas antidemocráticas que tratan con desdén la voluntad popular.
De otro lado, resulta muy conveniente para la democracia el triunfo de Gustavo Petro en Bogotá, más allá de si coincidimos o no con parte de su pensamiento y con su programa de gobierno. Igual el de Elsa Noguera en Barranquilla y el de la dupla Aníbal Gaviria - Sergio Fajardo en Medellín y Antioquia.
Se deberán sopesar por igual los casos en los que la gente entró en rebeldía, en muchas ocasiones con indeseables síntomas de violencia o impulsada por fines peligrosos, muchas de ellas por candidatos y campañas perdedoras, aunque en el fondo también existan algunas pocas manifestaciones que las mueve el deseo de hacer respetar las reglas establecidas y la exigencia de controles estatales más eficientes. Manifestaciones que deben hacer reflexionar a los partidos políticos sobre sus alcances, y obligar a los movimientos sociales a impulsar con firmeza alternativas ciudadanas y democráticas.
También se debe destacar que fracasaron los ataques de los grupos subversivos en su pretensión de torpedear la jornada democrática. Pero preocupa la intervención abierta de bandas criminales al servicio del narcotráfico en algunas zonas del país y el apoyo que ofrecieron a muchos candidatos, ahora electos.
Otro mensaje: pierde fuerza la creencia de que los votos se endosan o que ciertos niveles de popularidad aseguran triunfos electorales, a juzgar por los resultados que obtuvieron muchos candidatos apoyados por el ex presidente Uribe.
Ahora bien, llama la atención el golpe que recibieron en Antioquia las maquinarias políticas, el clientelismo y la corrupción, al menos en lo que tiene que ver con la Gobernación y la Alcaldía de Medellín. Le corresponde al gobernador electo, Sergio Fajardo, echar mano de su gran capacidad de movilización ciudadana y de la legitimidad que dan las urnas para empezar a romper el vínculo entre algunas administraciones locales, concejales, autoridades y empresarios con mafias y grupos ilegales. Llegó la hora de utilizar todo el capital político para desarticular una nefasta relación que esta vez logró avances en algunas regiones antioqueñas.
Debo felicitar la designación que hizo el Presidente Santos de Rafael Pardo Como Ministro de trabajo. Es una buena apuesta y prenda de garantía para la política social.
Por Jaime A. Fajardo Landaeta
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