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La cita era a las 9 de la mañana en la vereda La Capilla del corregimiento Rio Verde de los Montes del municipio de Sonsón, allí se esperaba que llegaran las víctimas del conflicto residentes en las veredas del corregimiento, a la hora indicada pocas personas se habían hecho presentes en el lugar, dos horas después aun el número de asistentes era desalentador, los pocos que estaban venían de veredas que distaban tres o más horas, la decisión fue dar inicio a la programación porque los que habían llegado deberían hacer el mismo camino para su regreso.


Previamente Ana Ligia Higinio, preparó el acto lúdico, un ritual en homenaje a las víctimas. Como en un monologo en voz alta mientras extendía sabanas sobre las que distribuyó simétricamente cintas que se desprendían desde una veladora, “hoy vamos a representar a la mujer vela, para explicarle a la gente que la Asociación Provincial de Víctimas –Aproviaci es como la mujer vela, la idea es que cuando termine el acto la gente vaya tomando una tirita y se haga en círculo alrededor del telón y nos digan cuál fue la luz que los guió para pensar que era posible seguir resistiendo y no desplazarse en medio de esta guerra, que nos digan en qué momento sintieron que eran la luz en medio de la oscuridad de la guerra. Luego cerraré con poesías, me gusta mucho ‘La voz de una madre’, que es con la que se invita a la juventud a no ir a la guerra; ‘Hasta cuándo’, que es la que dice que mientras haya gente que se vincule a los grupos armados la guerra no se va a acabar; terminaré con ‘Me duele’, como homenaje  a todos esos jóvenes que sabemos que han muerto en estas montañas y la guerra se los llevó”

Eran casi las 11 de la mañana, 20 personas fueron las primeras en entrar a la capilla, Carlos Iván Lopera, responsable territorial en el Oriente Antioqueño del Programa de Las Naciones Unidas para el Desarrollo -PNUD, inició oficialmente el evento manifestando la preocupación por la poca asistencia de gente, también por la poca gente en la comunidad,  “Este templo quedó muy grande porque la gente se va, pero no lo crean, va a quedar es chiquito porque las nuevas generaciones lo van a ocupar, y don Rodrigo dice, ‘no, la gente si se va, se está yendo a buscar otras oportunidades’, ojala algún día tuviéramos un campo donde  la gente no se tenga que ir, que se le pague a la gente para que se quede en el campo con todos los derechos”. A continuación le pidió a cada uno de los representantes de instituciones presentes que se presentarán a la comunidad.

Allí estaban integrado la Unidad Móvil de Atención a Víctimas, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD, la Personería Municipal de Sonsón, el enlace municipal en Sonsón con la población desplazada, la Asesoría de Paz de la Gobernación de Antioquia, La Asociación Provincial de Víctimas -Aproviaci; la División de Derechos Humanos del Ministerio del Interior y de Justica e Inforiente.

No habían terminado de presentarse los representantes de las instituciones cuando ya la capilla estaba llena, de todas las veredas llegó la gente, parece ser que para ellos el tiempo no tiene prisa, el tiempo es lento, a las 9 o a las 11 da lo mismo, simplemente ellos hacen lo que tienen que hacer, ahí estaban todos, quizás más de los que se esperaban.

“Qué vamos a hacer en este ratico que vamos a estar aquí en la comunidad – explicó Carlos Iván -  nosotros hemos querido venir a las veredas, a los corregimientos, a los municipios, a hacer varias cosas; la primera, a celebrar la vida, porque hubo tanta guerra, tanta muerte, tanto desplazamiento, tanto dolor, tantas lagrimas que lo que tenemos que hacer es celebrar la vida; la segunda, a felicitar a las comunidades que dijeron, ‘a pesar de la guerra nos quedamos aquí’, porque en los peores momentos se quedaron haciendo resistencia; y la tercera, para que eso que sucedió sea reparado y no se vuelva a repetir”.

En total fueron atendidas 145 personas a las cuales se les dio información sobre su derechos como víctimas, se les llenó el formulario para reparación vía administrativa o por el programa de Justicia y Paz, a quienes ya habían tramitado sus formularios se les informó del estado del proceso o número de radicado, quienes lo requirieron recibieron atención psicosocial y una a una las víctimas del desplazamiento fueron informadas sobre sus derechos.

La misión se conoce como Unidad Móvil de Atención a Víctimas del Conflicto, la idea de visitar el corregimiento de Rio Verde de Los Montes surgió después de la actividad realizada en los corregimientos de La Danta y San Miguel durante el mes de diciembre de 2009, se exploraron varias fechas y por fin se acordó que sería los días 1, 2 y 3 de marzo de 2010 y se iniciaron los preparativos.

La Personería Municipal se ocupó de la coordinación local, mientras que el PNUD fue el responsable de financiar la actividad y de coordinar la asistencia de instituciones. La coordinación en la vereda estuvo a cargo de la Junta de Acción Comunal en cabeza de su presidente Norberto de Jesús Gómez Loaiza.

Después de explicar el objeto de la misión y antes de iniciar con la atención personalizada se desarrolló el acto lúdico protagonizado por Ana Ligia Higinio, de Aproviaci. Desde la puerta de ingreso a la capilla, la mujer de túnica blanca, cubierta con pañolón negro, se desplazó por la nave central mientras recitaba a la luz representando un mensaje de no a la guerra, junto al altar estaba el improvisado escenario que minutos antes ella misma había preparado, después de declamar tres de sus poemas mientras prendía velas a su alrededor, invitó a los presentes a rodearla y formar una red tomando una de las 23 cintas que se desprenden desde la veladora simbolizando las víctimas de los municipios del Oriente Antioqueño, a la vez que les pidió que expresarán qué ha sido luz para ellos y cuándo se han sentido luz.

Lenta y tímidamente uno a uno se fueron inclinado para tomar la cinta, de repente el primer hombre exclamó, “Para mí fue una tristeza yo verme en la situación que nos vimos en este corregimiento de Rio Verde de los Montes, fue un inmenso dolor de toda la comunidad, pero fue una luz haber sido capaz  de resistir toda esta violencia y todas estas tragedias, por eso hoy nos encontramos con luz y paz”. Luego habló una joven mujer, “Fue luz ver que las personas que se quedaron en la comunidad no se dejaron vencer por las dificultades como la inseguridad, el miedo y el hambre y fue luz decidir que no dejaría mis estudiantes solos ni la comunidad sola y decidí quedarme para salir adelante con ellos, para participar y apoyarlos hasta el final”.

Mientras los gallos no cesaban de cantar bajo el tablado de la capilla, el acto continuó, uno a uno fueron tomando las cintas, “yo me sentí luz cuando me mataron mi esposo, entonces sentí que era la única luz que le quedaba a mis hijos y ahora lucho para salir adelante con ellos, entonces yo soy la luz de mis hijitos”. Otro hombre dice, “En ese tiempo el miedo nos hacía sentir en la oscuridad, hoy vemos la luz porque llegó la alegría, porque ya estamos defendidos”.

“Para mí fue una tristeza habernos visto en medio de tanta violencia, pero fue luz que a pesar de haber tenido un desplazamiento, regrese pronto y no me fui de la región”

“Para mí fue luz ver que en estas épocas pasadas no nos tocó salir de la noche a la mañana como si tuvieron que hacerlo muchos de nuestros vecinos, en esos momentos muchos vivíamos impresionados porque de pronto nos iba tocar dejar la tierrita para irnos a vivir tal vez debajo de un puente en la ciudad y gracias Dios hoy vemos muchas luces”.

Un joven dice, “Yo me siento como luz porque en un tiempo estuvimos en mucha oscuridad ya que a dónde íbamos nos encontrábamos con los grupos armados, es que como jóvenes nos convidaban para que nos fuéramos para la guerra y ahora me siento como luz porque fuimos resistentes y no nos dejamos conquistar”.

 “Para mí fue luz haber resistido la guerra viviendo en Rio Verde, me siento luz porque a mi esposo que le hicieron un tiro y quedó con problemas mentales yo lo apoyo y siempre estoy con él” dijo una mujer con voz entrecortada quien luego irrumpió en sollozos.

Después de dirigir su mirada una y otra vez hacia todos los lados, como para asegurase de no hablar en el lugar equivocado, como con temor de ser escuchado o decir lo que no debía, un hombre alzó con fuerza la voz y dijo, “Para la comunidad de todo este Oriente Antioqueño y de Rio Verde de los Montes, la luz más brillante ha sido la entrega de alias Carina, cuando ella se entregó comenzamos a ver el panorama más distinto, comenzamos a ver más luz, en las comunidades hubo más ánimo y más moral, nosotros tuvimos un tiempo en este corregimiento de mucha oscuridad, fue tanta que ya no nos daba ni ganas de sembrar maíz, ni nos daba ganas de sembrar frisol, ni nos daba ganas de nada, nosotros la mayor parte de la gente no sabíamos qué hacer porque uno volteaba por allí y ahí estaba el Ejercito, volteaba por allí y ahí estaba la guerrilla, eso le decían a uno ‘o se va con migo o se va con el otro´, y a los dos o tres días recibíamos la noticia que mataron a fulano de tal, que murió este otro señor, que mataron a un vecino o a un amigo, eso cada rato nos tocaba sacar dos o tres cuerpos de una. Esos tiempos fueron horribles en nuestra comunidad porque a nosotros nos aporreó tanto la guerrilla como el Ejercito”.

Así, como en un acto de catarsis, con voces entrecortadas, hombres, mujeres y jóvenes, fueron narrando su dolor, su angustia y sus esperanzas, se expresó la fuerza de no abandonar la tierra, de resistir, la capacidad de aguantar, de soportar el miedo, el hambre y la soledad. Pero también se expresó la nueva luz, “Aquí si hay una luz porque hacía mucho tiempo que no venían tantas personas a nuestra comunidad”, “Yo vi un Oriente muy oscuro por la guerra y ahora veo un Oriente renaciendo en paz, veo mucha gente alegre, muchos niños creciendo y por eso queremos que esto no se vuelva a repetir”. 
 
El Viaje

Para la misión a Rio Verde de los Montes fueron necesarios tres días, uno para la ida, uno para estar en la comunidad y otro para el regreso, el lunes primero de marzo la salida oficial fue de Rionegro a las 7 de la mañana, otros que viajaron en bus salieron de Medellín a las 5 de la mañana, después de pasar por Sonsón todos llegaron a Argelia al promediar el medio día, la delegación de Sonsón había tomado la delantera, mientras unos llegaban a Argelia ellos ya estaban en el punto conocido como La Cuchilla, allí se reunió toda la misión al promediar la una de la tarde, hasta ahí llegaba el carro, a partir de ese lugar el viaje seria a pie y en bestias.

Dos personas de la comunidad esperaban, Luis Angel y Alberto, en tres mulas se cargaron algunos de los morrales, “Allí abajo están las bestias para ustedes” dijo uno de los locales, “es que esta primer falda es muy peligrosa y no se puede bajar montado en las mulas”. Nadie objetó, se emprendió el descenso de la cuesta, unos 300 metros más adelante se comprende porque hay que hacerlo a pie, piedras y piedras en descenso formando grandes e irregulares escalones hacen el camino, con mucho cuidado el caminante debe saltar piedra a piedra. “Falta mucho para llegar” se atrevió a preguntar una de las integrantes de la misión, el acompañante sólo atino una sonrisa y luego respondió “Apenas estamos comenzando a este paso le pongo que nos demoremos unas dos horas para bajar esta primera falda, y así fue, a las 3 de la tarde llegó el último hasta una casa donde se vieron varias mulas amarradas a los guayabos, durante el descenso el acompañante indicó donde quedaba La Capilla, “Allá detrás de esa montaña, alcanza usted a ver ese techo rojo?, La Capilla esta al ladito de acá” así se fue descendiendo desde un ambiente con vegetación que al principio parecía paramuna caracterizada por la abundancia musgos y líquenes, hasta descender a bosques con características de clima más húmedo tropical, al frente las nubes no dejaban divisar el páramo de Sonsón pero allá estaba en la lejanía.

Montaron las mulas, unos más baquianos ayudaron a los inexpertos, algunos no alcanzaron mula y siguieron a pie, el camino es agreste, la recua se fue desplazando poco a poco entre riachuelos, arroyos, bosques y rastrojos, finalmente a las cinco de la tarde todos habían llegado a su destino, allí de frente tenían La Capilla, la que le da el nombre a la vereda, la que construyeron los ancestros en el año de 1925 utilizando materiales de la misma región, la que le da al corregimiento ese aspecto de pueblo wéstern. Pero allí ya no están la enorme casa de balcón ni la gran tienda que junto con la capilla se imponían ante el parque por allá en los años setenta del siglo pasado, el parque también desapareció.

Imponente, hermosa, bella, evocadora del pasado es la Capilla, levantada sobre palafitos, sus orígenes se remontan a la llegada de un aguerrido misionero cuyo nombre desapareció de la memoria con el pasar del tiempo, fue él quien en aquella época convenció a los habitantes de la región para que construyeran el templo, todos se dieron a la tarea, y como en los tiempos de Salomón, seleccionaron las mejores especies maderables de la región para edificar allí la casa de Dios, ahora casi 100 años después, permanece intacta, con el orgullo seguro de ser la capilla más antigua y hermosa de todo el Oriente Antioqueño.

La Capilla sí que es un monumento a la resistencia, ha soportado el tiempo, vendavales, dos conflictos civiles, el de 1948 y el de ahora, se ha ganado el respeto de los forajidos, cuentan que la misma Carina cuando andaba por allí sembrando el terror, se doblegó ante su imponencia y le rindió culto y respeto.

La noche del 1 de marzo el atrio sirvió de abrigo a la misión, allí se congregaron con los lugareños para escuchar las historias, las leyendas, se habló de milagros, de imposibles, de proezas y de espantos, narraron como sus abuelos participaron en la construcción del corregimiento, dicen que frente a la capilla hubo una cruz enorme que sólo fue posible levantarla con la magia del Misionero, cuentan que fueron llamados todos los hombres de los territorios vecinos, tomaron la cruz mientras el Predicador al frente hacía sonar un pito, a cada pitazo la cruz se iba izando, los abuelos siempre aseguraron que eso fue posible por la magia que tenía el Reverendo, la cruz estuvo allí hasta hace poco cuando el pasar de los años la derribó, dicen quienes la conocieron que no entienden cómo lo lograron porque hoy sólo con una gran grúa sería posible levantar una tan grande como esa.

La noche del primero de marzo comenzó muy oscura, tan oscura que el cielo dejo ver su sartal de estrellas, allí en el cenit estaban todas las constelaciones como guardianes de estas tierras, una danza sideral que hoy pocos pueden apreciar, sólo tierras como Rio Verde de los Montes se dan este deleite, unos por otros, ellos no tienen luz eléctrica, plantas solares proporcionan débil luz para algunas de las viviendas más privilegiadas, para la escuela y para la casa cural, afuera es el reino de las tinieblas y ahí en el atrio estaban todos listos para atender a los visitantes porque hacía muchos años por estas comarcas no venían tantos forasteros, es que la guerra los había dejado solos.

Aparecieron las guitarras, los muchachos tañían las curdas sin lograr armonía, de pronto un hombre echó mano a una de ellas y dejó escapar una melodía, el “Himno a La Capilla” compuesto por él mismo, el ánimo cubrió el ambiente y otra melodía, aplausos y “otra, otra, otra”, “sí pero a palo seco no puedo cantar”, llegaron los aguardientes y el hombre no se cansó de cantar sus trovas y sus corridos que dan cuenta de una región, de una tierra, de una gente luchadora, emprendedora y resistente.

Rubén Darío Valencia, es cantante, coplero y compositor; “Trovas a Rio Verde”, “El niño Alberto”, “Las catástrofes de Rio Verde” y decenas de canciones más que dan cuenta de la historia, del día a día, de lo que pasa, del trabajo comunitario, del sufrimiento, de la lucha, de hombres y mujeres que forjan patria.  

Esa noche en Rio Verde fue suficiente para comprender que aquí hay unos contadores de historias; con cuerdas, notas, sonidos y voces cuentan que aquí nacieron, que aquí han vivido, han resistido, han sufrido, han tenido tragedias, han crecido y hoy ese espacio se lo entregan a los niños que también crecen. Comenzaron la noche narrando con sus canciones que tienen vecinos y veredas que suman el territorio. Después cuentan que aquí los niños crecen, estudian, demuestran su inteligencia, son queridos y cuando se van causan soledad. Cuentan que aquí hay hombres curtidos capaces de arañar la tierra, de esculcar las montañas para sacarles algo de vida y cuentan que las montañas se vienen encima, intentan sepultarlos, ocultan los caminos, ocultan las piedras y devoran las casas pero los hombres más fuertes que la misma naturaleza, porque de alguna forma son parte de ella, unidos por la fuerza de la solidaridad reabren los caminos, reabren las trochas, reconstruyen las casas, siguen pisando este polvo, siguen labrando esta tierra, siguen adelante en el camino de la vida. Aún les queda una historia por escribir, la de sus últimos años, la de la tragedia humanitaria, la del dolor, la de la muerte que se llevó a muchos, a cientos de sus vecinos, amigos, hijos, hermanos, parientes que se los llevó la guerra inútil, es una historia tan triste que aún les queda la incertidumbre de si ha culminado, esa historia no la han escrito, “es que no se si esto ya ha terminado y por eso aún no lo he cantado” dice Rubén. Esto es Rio Verde de los Montes, una tierra de ensueño, un paraíso tan lejos pero a donde valió la pena llegar.

Refiriéndose a la calidad de la gente, a las expresiones artísticas que allí se encontraron, Carlos Lopera, del PNUD, dijo, “Las expresiones de identidad de un pueblo y de una comunidad son muy importantes, por lo tanto este tipo de música, las expresiones artísticas, la poesía, la trova, es lo que garantiza la perpetuidad de la cultura y siento que en algunas comunidades se pierde, hoy en Rio Verdad de los Montes lo estoy reviviendo porque ha surgido la música como una expresión muy linda para contar la historia. Estas expresiones simbólicas de identidad son aglutinantes y crean comunidad, aquí hay un montón de elementos que se mantienen de manera autóctona y esto debe ser porque aquí no llegan otros medios que lo que hacen es destruir las raíces y la identidad cultural”.

El día 4 de marzo se emprendió el camino de regreso, hora programada para salir, 6 de la mañana, a las 7 aun no aparecían las mulas, a las 8 tampoco, decisión, salir caminando, de pronto aparece la primera, luego otra y otra, finalmente a las nueve y media la salida, para todos hubo mula, se emprende el camino, el mismo por donde se llegó, tres campesinos baquianos en asunto de mulas, Luis Angel, Alberto y Carlos, acompañaron la caravana, tres horas 45 minutos fueron necesarios para llegar nuevamente hasta La Cuchilla, la loma que a la ida se hizo caminando esta vez se hizo en las mulas, en subida no hay tanto peligro, aunque no deja de serlo, “es que bajando una vez se cayó una señora y se desnucó, por eso nunca bajamos montados, es muy peligroso”. En La Cuchilla un abrazo a los campesinos acompañantes, “gracias por recibirnos”, “gracias  a ustedes por venir”, se repartieron las botas a los campesinos porque en la ciudad de nada servirán y la misión partió a su lugar de origen con la satisfacción de haber cumplido con un sueño, “Compartir con la comunidad de Rio Verde de los Montes”.
 

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