
Marcha por la vida en MarinillA raíz de todos los hechos violentos que vienen ocurriendo en los últimos días en Marinilla, organizaciones sociales y población ... Leer Más |
La protección de los periodistEspecial referencia al caso Romeo Langlois. Mucho se ha hablado en los últimos días acerca de la situación del periodista francés &nbs... Leer Más |
Registro Único de Víctimas: unEl Registro Único de Víctimas tiene en aprietos a las instituciones del Ministerio Público en Antioquia, porque diligenciar un solo ... Leer Más |
Qué decir para salvar un bosquCon un apoyo social fuerte es posible frenar los proyectos depredado... Sábado, 5 Mayo 2012 Leer Más |
La izquierda acepta o rechazaAmbas posiciones la dejan frente a consecuencias duras y enormes res... Sábado, 28 Abril 2012 Leer Más |
El discurso sindical debe consLos sindicalistas para sus luchas reivindicativas deben considerar l... Sábado, 14 Abril 2012 Leer Más |
El Oriente Antioqueño construyEl Oriente antioqueño construye autonomía territorial, como pr... Domingo, 8 Abril 2012 Leer Más |
Los socialistas deben explicarCuando muchos en la izquierda se limitan a denunciar y actuar frente... Sábado, 7 Abril 2012 Leer Más |
EL LUNES LLEGAN las gordas, el martes las flacas y el miércoles las tetonas, que eligen los hombres como si fuera un reinado de ganado.
A diferencia de Pacho, que lo tumbó la patada de una vaca y le quebró la rodilla en una feria de ganado, José salió quebrado después de la tumbada que le pegó un pícaro del pueblo cuando le vendió una vaca muy voluptuosa con silicona en las tetas.
Entre yeguas, burras y gallinas, José no pudo resistirse al encanto de la vaca más gorda de Rionegro que tenía las tetas de sus sueños.
Como era su primera vez, cayó rendido a sus patas, entregó lo que tenía en el bolsillo y se gastó los ahorros en la res que al tercer día se desinflaría.
El SPA de vacas
"Para embellecer a una vaca hay que tratarla como a una mujer y no como a un animal", dice Edwin, quien las compra feas y baratas en las ferias de pueblo, las lleva para su potrero, les hace una asesoría de imagen y las vende más caras en la ciudad cuando les cambia el look.
Todos los martes, antes del gran día de elección de la candidata vacuna, Sergio, el estilista de sus vacas, les pone una cita con la belleza. Con maquinita de peluquero les quita los pelos de las tetas y con las tijeras les motila las orejas y les tusa la cola. Les hace masajes en el cuerpo y las consiente para que les vaya bien en la selección del cliente y en la entrevista con el jurado descalificador, que si les descubre alguna enfermedad las condena a muerte y las manda al matadero.
Le sacó la leche
José llegó a San Rafael creyendo que traía la ganga que nunca antes consiguió un vaquero del Oriente antioqueño. Quiso entrarla hasta la sala pero prefirió amarrarla con un lazo afuera cuando sus pezuñas resbalaron sobre las baldosas de la casa.
Las vecinas se asomaron a ver el animal, los curiosos se agacharon sobre la calle a detallar las ubres, los niños de la cuadra se quedaron boquiabiertos y su familia lo recibió como un héroe por los pezones rosaditos de su querida vaca.
Después de ruñir el hueso del almuerzo, José salió por el primer vaso de leche espumosa que le regalaría la res delante de toda su gente.
Mientras masticaba los ñervitos que le quedaron en los dientes, le ató las patas traseras, puso un banquito al lado, un balde vacío debajo y, con cierto destello de orgullo en su mirada, jaló la primera teta que lo dejaría con sus carnes rojas de la vergüenza.
El reinado de reses
Las madrugadas de los miércoles comienzan a desfilar las vacas lecheras con sus terneritos, también los caballos, las yeguas y las mulas en la Feria de Revoltura de la Central Ganadera de Medellín.
Al igual que en los pueblos, el negocio es de palabra. Pregunte, ofrezca, regatee, tome y lleve. ¡Qué ganga! ¿Por qué tan caro? ¿Cuál va a llevar patrón? ¿A cuánto me la deja? ¡Qué verraco tan regatero! ¡Vos no comprás un tamal en un derrumbe!
Miércoles de vacas gordas
Sin lugar a dudas, las vacas de Edwin son las más atractivas y las que más piropos escuchan. ¡Eh Ave María, qué belleza de teta!, exclama uno. ¡Qué vaca más buena!, dice otro. Y todos se le quitan el sombrero cuando se agachan para admirar sus atributos.
Si alguno se atreviera a darle un beso, Edwin le garantiza el beso más dulce de su vida porque el día anterior la puso a dieta de melaza para que llegara más gorda y barrigona a la feria.
Sus tetas están tan grandes porque lleva un día y medio sin ordeñar. Además, su estilista le puso un bozal a cada cría para que no le chuparan las mamas y antes de forrarle las ubres con cinta de enmascarar, les puso silicona a los pezones.
Con tetas sí hay paraíso
Solamente bastan dos gotitas de silicona o pegaloca para taponar temporalmente los pezones, impedir que se riegue la leche y logre acumular tanta, que el tamaño de la ubre aumente y Edwin deslumbre a los clientes.
Gracias a sus trucos de belleza, a una vaca que compró peluda, tetichupada y descuidada, le ganó 500 mil pesos en la feria. Al último reinado del miércoles, llevó 9 reses, 9 crías y un equino. Después del mediodía, solamente regresó con una mula de acompañante y tres terneros de pasajeros.
Martes de vacas flacas
Delante de 500 hombres que le miraban la cola, la barriga y las tetas, se orinó del susto en plena pasarela. No recibió tantos piropos como las anteriores, porque era una vaca tuerta y flaca.
Y cuando Juan David, el presentador de las candidatas vacunas dio sus medidas y contó que además tenía una teta seca, a Rodrigo se le agitó el corazón, alzó su paleta y al sonido de tres martillazos ya sabía que era suya porque fue el único pretendiente que quiso llevársela.
"Me interesan las feas, tuertas, cojas, colimochas, naritorcidas, jorobadas, boquisucias y tetisecas, con la condición de que no sean muecas y tengan dientes para que coman y engorden", cuenta Rodrigo, que asiste todos los martes al desfile de ganado flaco que subastan en la Central Ganadera de Medellín.
Subasta de recatadas
Ferney, el arriero, les da la bienvenida a las candidatas con una palmada en la cola para que correteen por la pista y los hombres de sombrero y zurriago escojan su favorita.
Para que no pase lo mismo que a José en un pueblo, Juan Carlos es el jurado veterinario que toma las medidas y da el veredicto de cada participante en la subasta. Sin cobrarles un solo peso, les hace prueba de sangre y la de embarazo con la mano, les aprieta las tetas, les detalla los dientes, revisa su historia clínica, toma nota de cirugías y operaciones, les encuentra verrugas y cicatrices, y les examina todo el cuerpo para encontrarle algún "pero" y revelarlo en público durante el reinado.
El pueblito paisa
Los ganaderos solo tienen que silbar y mostrar el número de su paleta para que Juan David, medio carpintero y medio locutor, narre quién lleva la delantera, pita las faltas y anuncia los "peros" de las vacas para que a nadie le metan un golazo y golpea su martillo para declarar al campeón que tendrá garantía de tres días para hacer su devolución.
"Si la mamá era buena, imagínese la hija", dice Juan David, así como también advierte "está flaquita y boquicagada, bien sufridita que está la vaquita" o "ese ternero trompitorcido está cojo por andar de cacorrito en los corrales".
Y así, mientras Pacho aprovecha el zurriago para disimular la cojera que le dejó la patada de la vaca, José se le quita el sombrero a las recatadas, Edwin exhibe las tetas de sus vacas y Rodrigo compra el ganado desganadito, la gente sigue a Vicente y sus rancheras, respira boñiga y siente la feria como toda una fiesta.
Mosco en leche
Al sentir en sus dedos unas perforaciones en el pezón, José fingió una sonrisa para no defraudar a la multitud del pueblo que seguía deslumbrada de lejos porque no sentía de cerca la leche condensada ni el aroma extraño que salía de la ubre.
"Me embistió la boñiga", pensó José, mientras sentía una revoltura en el estómago y sospechaba que el balde, que solía usar para destaquear el inodoro, le sería más útil en el baño que en ese momento para ordeñar las gotas de leche con silicona que salían de las mamas.
Y en la noche del tercer día, cuando su esposa notó su silencio y su desvelo, dejó de tragarse las palabras, no se aguantó más su lengua sudada y se sacó el espinazo diciendo lo más crudo que podía confesar un lechero estafado: "Mami, me dejé llevar por las tetas y me tumbaron".