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El conocido filósofo italiano Norbertto Bobbio señaló que los períodos de debate electoral son momentos excepcionales en los cuales en una democracia se debaten los grandes problemas del país, se exponen alternativas de tratamiento a los mismos y se ofrecen argumentos para defender dichas propuestas.



También señaló que en este debate el papel de los modernos medios de comunicación es vital. La calidad de la deliberación pública depende de los medios que son quizás el vehículo más importante de socialización del debate, de conformación de las agendas públicas y de incremento de la cultura política de los ciudadanos. No se olvidó de señalar que cuando los medios de comunicación no cumplen con dicha tarea o cuando lo hacen de manera mediocre, la sociedad acude a la generación de poderosos movimientos sociales que se encargan de poner en la Agenda aquellos puntos ignorados por quienes dominan en los medios. Ello le permitió concluir que el movimiento feminista había sido el gran acontecimiento del siglo XX puesto que había colocado en la agenda de la humanidad grandes problemas ignorados por los medios, por los partidos, por la academia, etc.

Quizás uno de los problemas que nos heredó el neoliberalismo con su fundamentalismo ciego en que el mercado resolvía todos los problemas de la sociedad fue el de la privatización de los medios de comunicación. En todos los lugares en donde estuvo dicho fundamentalismo se aplicó el pluralismo informativo, sufrió retrocesos muy agudos, puesto que la existencia de medios de comunicación estatales permitía un contrapeso a las visiones orientadas por las empresas que pautan y pagan a los medios privados por ello. En Colombia la privatización de los medios es un asunto crucial y sobre todo la privatización de la televisión en que los dos canales privados dominan el 92% del rating de sintonía. De tal manera que la forma como los medios cubren las campañas y los debates, resulta crucial al momento de formar la opinión de los ciudadanos y ciudadanas.

En la campaña para el Congreso de la República, el debate fue mediocre por no decir que ninguno de los grandes problemas del país fue objeto de tratamiento sistemático y mucho menos de cubrimiento eficaz. Ahora en el debate presidencial esta realidad parece repetirse sin que los medios reparen en soluciones para afrontar temas cruciales para la democracia colombiana. Tenemos, por ejemplo, la mayor crisis humanitaria después de Sudán en cuanto al número de víctimas del conflicto armado que supera ampliamente el de 4 millones de desplazados, cerca de 30 mil víctimas de desapariciones forzadas en los últimos años si nos atenemos a las cifras de la Fiscalía General de la Nación; un 50% de la población esta en situación de pobreza y más o menos el 18% del total en situación de extrema pobreza. Las tasas de desempleo superan el 14% del total de la fuerza de trabajo y la informalidad esta próxima al 60% de la misma.

La infiltración de los actores armados ilegales en el Congreso de la República vuelve a marcar cerca de un 25% del total de los congresistas elegidos el 14 de marzo. El fraude electoral es tan evidente que aunque no existe para la televisión si existe para la prensa escrita y para la radio. También y por fortuna comienza a existir para el Consejo Nacional Electoral. La tasa de concentración de la riqueza en Colombia es la más alta en toda la región de América Latina. Los bancos y el sector financiero liquidan utilidades por más de 8.5 billones de pesos en el año 2009 mientras que crece el desempleo y la pobreza. El hueco fiscal dejado por este largo Gobierno de ocho años es  enorme y una reforma fiscal es inevitable.

La poderosa reacción ciudadana en Colombia

Durante ocho años el Gobierno Nacional se empecinó en negar el conflicto, se dedicó a prácticas ilegales como acaba de afirmarlo la Fiscalía en la formulación de cargos a cinco altos directivos del Departamento Aministrativo de Seguridad, DAS, a quienes ha llamado a juicio para que respondan por las chuzadas ilegales contra magistrados, defensores de derechos humanos y líderes de la oposición. Las políticas públicas de atención a los pobres y a las víctimas, no han resistido el análisis de centros de investigación, de la Corte Constitucional para el último caso, por ejemplo.

La práctica de utilizar métodos ilegales para intimidar a la oposición o a los defensores de derechos humanos, los flagrantes casos de corrupción en la asignación de subsidios como Agro Ingreso Seguro o el otorgamiento de tierras de las comunidades indígenas o de las comunidades afrocolombianas a testaferros de los grupos paramilitares, el asesinato de más de 2000 jóvenes a quienes se presentó como a guerrilleros dados de baja, la oposición del Gobierno a las leyes a favor de las víctimas, la oposición del Gobierno a una reforma política para castigar a los partidos ligados a los actores armados paramilitares y a la mafia, todo ello, en gran medida ignorado por los grandes medios de comunicación ha generado una ola creciente de simpatía por la candidatura presidencial del Partido Verde, Antanas Mockus. La reacción ciudadana ha recurrido a medios de comunicacón alternativos. La cadena conformada por redes en Internet ha sobrepasado ya los 300 mil ciudadanos quienes también han puesto a rodar videos de artistas adhiriendo a la campaña, afiches elaborados por la propia gente, mensajes invitando a apoyar la lucha contra la corrupción, etc. Esto hay que tomarlo como una reacción ciudadana en cadena en contra de tanto abuso, de tanta felonía y no como lo han interpretado algunos dirigentes tradicionalistas del Polo Democrático y de otros partidos, como un candidato empujado por los medios afín al régimen político vigente.

Curiosamente coinciden con los ataques que se dirigen por parte del presidente de la República Álvaro Uribe Vélez quien muestra al candidato como a alguién débil en la condena de las FARC, como a alguién despistado, falto de autoridad y alejado del dogma fundamentalista de la Seguridad Democrática en la versión uribista. Estos ataques arreciarán en la medida en que las campañas avancen. Uribe está acostumbrado a hacer proselitismo político a favor de sus candidatos sin que el Procurador General se digne siquiera llamarle la atención.

La llamada ola verde debe ser vista como una reacción ciudadana en contra de prácticas politiqueras, contra la corrupción y en respaldo de un candidato que defiende de manera excesiva la legalidad sin preguntarse muchas veces sobre la legitimidad de esa legalidad.

Hemos dicho que el mensaje y lo que representa Antanas Mockus es progresivo para la actual realidad colombiana. Que la alianza primordial como lo planteó de manera lúcida Gustavo Petro en su exitosa campaña interna para la nominación del Polo Democrático, debe consistir en un gran acuerdo nacional para derrotar la presencia de la mafia en el poder, para replantear la lucha contra esa mafia, para castigar a sus aliados en el Congreso, en el Ejecutivo, en las alcaldías y gobernaciones y en la Rama Judicial del poder público así como en las fuerzas armadas gubernamentales. Esto nos parece que encarna Mockus y por ello creemos que es progresivo para el país.

Ahora bien hay asuntos sobre los cuales la propuesta del centro es insuficiente y sobre ello deberá avanzar el debate presidencial. En temas económicos y sociales como los planteados líneas atrás, el candidato Verde no presenta propuestas muy novedosas o muchas de ellas francamente regresivas. Por ejemplo, cuando planteó que los decretos de la Emergencia Social, recientemente decretada por Uribe, merecían su respaldo. La Corte Constitucional acaba de tumbar la emergencia por desconocer derechos fundamentales en materia de salud. Su posición frente al metro de Bogotá nos parece desacertada al poner a depender la decisión de la contundencia de los estudios que más bien pareciera un guiño a su coequipero Enrique Peñalosa, enemigo del metro para la ciudad. Sus propuestas en materia de empleo son gaseosas o su compromiso con la causa del medio ambiente tampoco es decisiva.

En materia social las cosas son aún más gaseosas. Frente a la reforma tributaria no se decide a afrontar una reforma que grave a los ricos y redistribuya. Por el contrario habla de exenciones de impuestos para generar empleo y de implantar el pago de trabajo por horas sin reconocimiento a temas como la seguridad social o las prestaciones sociales.

He mencionado sólo algunos temas sobre las cuales debería girar el debate no sólo con el candidato Antanas Mockus sino también con Juan Manuel Santos y los demás.

Lo que ha comenzado a incomodar al régimen congregado alrededor del presidente Álvaro Uribe es el veloz crecimiento de Antanas Mockus en las encuestas. Ahora tiene el 29% de intención de voto contra el 36% de Juan Manuel Santos y el 19% de Noemí Sanín. La campaña de Santos está estancada por ahora y Uribe calienta el tema de Venezuela. Por supuesto que Chávez le da buenos argumentos para calentar de manera irresponsable las relaciones con dicho país. Seguramente la controversia seguirá creciendo si Mockus sigue creciendo en la intención de voto. No ayuda mucho a la causa de la democracia en Colombia la actitud de los verdes de no querer acercarse a Pardo y Petro que a nuestro juicio constituirán una parte importante de la propuesta que se está construyendo como alternativa a los poderes mafiosos en Colombia.

A los amarillos del Polo bien les vendría un acto público de contricción por todos los errores cometidos durante los últimos tres años. Sus vacilaciones en la condena a las FARC por sus delitos de lesa humanidad, sus divisiones internas que se ventilan abiertamente en los medios de comunicación, la ausencia de compromiso con las decisiones mayoritarias asumidas de manera democrática, su deslucida campaña a Congreso de la República, el no acatamiento de las decisiones tomadas en la consulta interna y sus vacilaciones a asumir la política que de manera adecuada propuso Gustavo Petro, todo esto pesó para que el candidato amarillo no sea hoy el centro del debate. Las cifras que arrojan las encuestas no deben ser vistas por los amarillos como una jugada del régimen sino como una reacción ciudadana contra el régimen, pero también una cuenta de cobro al principal partido de la izquierda democrática que haya existido hasta hoy en Colombia. La adhesión reciente de Carlos Gaviria a Petro aunque tardía marca una línea de dirección adecuada, ojalá Gustavo Petro pueda remontar en lo que queda de campaña el bajo favoritismo en las encuestas. Colombia necesita, requiere, una izquierda democrática representativa. Esta izquierda democrática debería agruparse alrededor del Polo si éste demuestra madurez política en la actual coyuntura.

* Presidente Corporación Viva la Ciudadanía

De: Caja de Herramientas
 

 

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