Lunes, 03 de Octubre de 2011 07:48
El Informe de Desarrollo Humano 2011, ‘Colombia Rural, Razones para la Esperanza’ define conceptualmente estas diferenciaciones y establece el tipo de relaciones entre ellos. (Ver completo La distinción entre conflicto rural, conflicto agrario y conflicto armado y las relaciones entre ellos )
Esta distinción amerita una pausa y cierto detalle porque su comprensión y aplicación en la identificación de los problemas y en la definición de futuras políticas públicas puede ser muy relevante para diferenciar problemas relacionados, pero distintos que requieren soluciones diferentes, pero complementarias.
El Informe habla de un conflicto rural no resuelto porque el proceso de modernización quedó trunco, la estructura de tenencia de la tierra no se desconcentró, el orden social jerárquico ha sobrevivido y el acceso a los recursos de poder político no se democratizó. Por eso se afirma que el orden social rural no se transformó.
El conflicto rural es complejo porque a la cuestión no resuelta de la tenencia de la tierra se sumó la disputa de actores armados no estatales por el control del territorio y de todo lo que este implica (población, recursos legales e ilegales, identidades, soberanía e instituciones).
El conflicto rural involucra el conflicto agrario y el armado interno. Pero aunque ambos tienen como escenario el mundo rural, se diferencian por sus objetivos, sus protagonistas, el papel estratégico de la tierra en uno y otro, y las prácticas a las que apelan los actores. La lucha por la tierra, por condiciones de bienestar y por inclusión política es el motor del primero; el control del territorio y de la población y la disputa de soberanía al Estado animan al segundo.
El actor, por excelencia, del conflicto agrario es el campesinado a través de la organización y la movilización social. Los protagonistas del conflicto armado son la guerrilla y los paramilitares mediante su capacidad de ejercer coerción armada para disputarle soberanía al Estado.
En el primer caso, la tierra en un fin en sí mismo y ésta se convierte en un factor de poder político y de prestigio. En el segundo, la tierra es además un medio de acumulación (poder económico) y un mecanismo de de control territorial y legitimación de actividades ilícitas (para garantizar corredores de paso en una lógica militar o, rutas de tráfico en una lógica criminal).
La reforma agraria como vía institucional o las invasiones y tomas de tierra como vía extra institucional son las prácticas propias de los actores involucrados en el logro de los objetivos que mueven el conflicto agrario. La violencia y el terror definen las prácticas de los grupos armados ilegales.
El conflicto agrario y el armado terminan relacionándose a través de sus efectos: el desplazamiento de la población y el despojo de tierras. Porque la tierra se convierte en un instrumento de la guerra y por ello, es objeto de expoliación y despojo por vías de hecho, o mediante la utilización ilegal de instrumentos jurídicos. Y la población es el objetivo del control y, por ello, susceptible de ser desplazada o confinada.
El conflicto agrario tiene dos expresiones: una es la deuda social y política del Estado y la sociedad colombiana con el sector rural; otra son los diferentes conflictos por la tierra (entre campesinos y terratenientes, la lucha indígena por la recuperación y reconocimiento de sus resguardos, la de las comunidades afrocolombianas por la titulación de territorios colectivos, el enfrentamiento más reciente entre despojadores y despojados y, los conflictos que empiezan a surgir por la presión de poderosos inversionistas que buscan tierra para proyectos de grandes dimensiones), cuyo corazón es la disputa por los derechos de propiedad.
En el conflicto armado están involucradas la lógica estratégica de la guerra, y la dinámica de la economía ilegal del negocio del narcotráfico, que con sus ganancias exorbitantes ha obrado como combustible en la expansión y degradación del conflicto.
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