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San Rafael. Como Julián Ocampo Blandón, de 24 años de edad, fue identificada la víctima fatal del atentado terrorista del viernes en el municipio de San Rafael en un establecimiento comercial llamado Mi Ranchito. Por la explosión doce personas resultaron heridas de las cuales cinco presentaron heridas de consideración, por lo que tuvieron que ser remitidas a centros asistenciales de Rionegro y Medellín.
Sobre Julián Ocampo Blandón se han dicho muchas cosas. Por un lado, que considerando el estado en el que quedó su cuerpo, es decir, desmembrado de la cintura hacia arriba, él era la persona que estaba manipulando el artefacto explosivo y por ende, tenía vínculos con el noveno frente de las Farc. Sin embargo, como a las dos de la tarde de ayer, justo enfrente del establecimiento comercial Mi Ranchito, lugar en el que se presentaron los hechos, una mujer de avanzada edad, estatura baja y tez morena, lloraba la pérdida de su hijo. Era Solmaría Blandón, la madre de Julián.
Ella, un tanto reacia a hablar con los medios, dijo, con algo de enfado por el señalamiento que las autoridades del municipio le hacían a su hijo, que “yo no sé por qué están diciendo eso, él era un muchacho trabajador”. Y es que Orley Santa Cruz, Secretario de Gobierno de San Rafael, había dicho previamente, en diálogo con Inforiente, que “todo hace pensar que la persona que manipulaba el artefacto, el cual se le explotó, es un integrante del noveno frente de las FARC y pensamos que en el momento en que estaba colocándolo en el sitio hizo explosión”.
Sin embargo, personas como Leonardo Giraldo, compadre de Solmaría, dieron cuenta de quién era Julián. “Yo lo conocí cuando trabajaba en Puente Tierra. Él trabajaba en la finca sembrando maíz, yuca, frijol…. Era un ‘pelao’ trabajador. Supe después que a ellos los desplazaron de por allá y que él estuvo trabajando en Puerto Nare o Cartagena”, dijo Leonardo.
Ésta, la versión de una de sus cuñadas, quien prefirió omitir su nombre: “él era aserrador por allá en El Arenal, tenía una niña con una muchacha con la que no vivía, y hasta donde sé, hace como un mes estaba pagando arriendo por allá cerquita de la Casa de la Cultura”. La mujer, madre de dos niños que la acompañaban mientras caminaba por el parque principal del municipio, acotó que la familia de Julián identificó su cuerpo “creo que por el pantalón y los zapatos”.
El personero de San Rafael, Edgar Alberto Isaza, dijo a Inforiente que en el consejo de seguridad efectuado en la mañana de ayer, las autoridades, sustentadas en las investigaciones preliminares, dijeron que los familiares de Ocampo Blandón habían aceptado que él tenía vínculos con las Farc, versión que no le confirmaron a este medio.
Isaza agregó que cuando la fuerza pública le atribuye acciones a personas supuestamente vinculadas a grupos armados ilegales lo que se hace, previo pronunciamiento de los familiares, “se recibe la queja o la denuncia correspondiente y se remite a las autoridades competentes que para el caso es la Procuraduría General de la Nación, encargada de la investigación de miembros de la fuerza pública”.
Finalmente el personero dijo que en caso de que la familia reclame la indemnización a la que por ley tienen derecho, por haber perdido a un familiar por los efectos del conflicto armado, ésta se vería perjudicada “si se logra establecer que la persona pertenece a un grupo al margen de la ley… pero eso lo dirán las investigaciones y eso lo califica es Acción Social”, ente gubernamental al que se le remite la información.
Posibles responsables
Además del señalamiento contra Julián Ocampo Blandón, Orley Santa Cruz dijo que “tenemos también algunos indicios de que posiblemente este atentado haya sido direccionado por alias “El Coico”, que es un comandante de cuadrilla que hace presencia en el Oriente Antioqueño y ha perturbado la tranquilidad de estos municipios”.
Sobre si el atentado tiene alguna relación con que el dueño del establecimiento donde se produjo sea el Inspector de Policía de San Rafael, Carlos Duvian Gil Naranjo, Santa Cruz dijo que “pensamos que este atentado fue direccionado a la comunidad, porque en ese sitio compartían los sanrafaelitas de toda clase, por eso no creemos que haya sido directamente contra el Inspector de Policía”.
El Secretario de Gobierno del municipio dijo que en este tipo de acciones los terroristas tienen a su haber el factor sorpresa, pues simplemente con una persona, vestida de civil, pueden poner un artefacto y hacer daños a la población. Santa Cruz dijo que San Rafael es uno de los municipios mejor custodiados de Colombia pues allí se encuentran unos 950 hombres del Ejército Nacional custodiando los 362 km que tiene el municipio. “Lastimosamente hay situaciones como esta, que en un pequeño descuido nos ponen un explosivo de estos, y nos genera el caos en un municipio que ha trabajado porque la comunidad de San Rafael tenga una tranquilidad”, dijo Santa Cruz, quien agregó que no quieren que por este hecho se dañe la buena imagen que ha recuperado San Rafael.
Sobre el orden público en el municipio de San Rafael, el Secretario de Gobierno dijo que “hace aproximadamente quince días, en el sector de La Dorada, hubo un enfrentamiento con el Ejército Nacional y se dio de baja a un subversivo. También en la zona de los embalses, en San Lorenzo, donde hubo un encuentro con un grupo armado y se dio de baja a dos individuos armados”.
El personero municipal dijo además que en lo que va corrido del año se han desplazado en San Rafael 79 familias, es decir unas 332 personas. De esa cifra, 32 familias -112 personas- hicieron parte de un desplazamiento masivo que hace unos meses se presentó en el sector de El Jagüe, aledaño al embalse de Jaguas de Isagen, donde un grupo que se identificó como Renacer le comunicó a la gente que en ese sector vive que allí no podían volver a ejercer la labor de la pesca. El personero no halló relación entre el atentado y ese desplazamiento.
Los heridos
La dueña del establecimiento comercial adyacente al bar Mi Ranchito se encontraba ayer en el local recogiendo algunas cosas después de la detonación, cerca de la diez de la noche, del pasado viernes. Ella no quiso dar su nombre. En el negocio, la onda explosiva tumbó un muro que le cayó encima a su esposo, Gilberto de Jesús Montoya Marín, quien presentó una lesión de torax que, aunque requirió remisión a Rionegro, no revistió gravedad.
La mujer contó que cuando se presentó la explosión “yo hacía cinco minutos que había salido para la casa”. Añadió que su esposo estaba dentro de la barra del negocio cuando se presentó la explosión y que por la onda sillas y mesas, junto con el muro, terminaron encima de él. “Yo no sé cómo no le pasó nada más grave”.
Luz Marina, administradora del restaurante que queda justo enfrente del comando de policía, que a la vez está cruzando la calle a unos quince o veinte metros de Mi Ranchito, contó su experiencia:
“Yo cerré el negocio porque había quedado de repartirle la comida a mi agente, y me fui con la hermanita de la nuera mía a jugar un ratico maquinas –negocio que queda al frente de Mi Ranchito-. Entonces senté la niña a mi lado, cuando al rato de estar jugando sentí como un silbido y cuando sentí el silbido sonó la bomba y cogí y me tapé la cabeza con las manos”. La mujer hasta ayer estaba aturdida y se quejaba de que en el hospital no la quisieron atender por el dolor de cabeza que le quedó tras la explosión que porque no tenía plata y eso no era una emergencia.
Luis Chavarriaga, Coordinador médico del Hospital Presbítero Antonio María Girado Gómez dijo que al final fueron doce las personas atendidas por el hecho, de las cuales cinco requisieron remisión. Los siete que se atendieron de manera ambulatoria fueron Joaquín Abad Escudero Agudelo, de 60 años; Oliverio de Jesús Quintana, de 51 años; Carlos Duvian Gil Naranjo, de 48 años -Inspector de Policía-; Óscar Evelio Alzate, de 42 años; Juan Carlos Gil García, de 15 años; Yaneth Liliana Gil García, de 34 años; y Wilmer Gómez Ramírez, de 31 años.
Los otros pacientes fueron remitidos a los hospitales San Juan de Dios de Rionegro, San Vicente de Paúl de Medellín, y a la Clínica Oftalmológica de Laureles. Ellos fueron Gilberto de Jesús Montoya Marín, de 39 años; Juan Guillermo Herrera García, de 36 años; Evelio Naranjo Giraldo, de 61 años; Martha Nelly Cuervo Giraldo, de 49 años; y Viviana Margarita Fernández Daza, de 16 años.
“Básicamente presentaban traumas cráneo-encefálico, fracturas de miembros superiores y quemaduras derivadas de la onda explosiva”, dijo Chavariaga, a la vez que acotó que los “pacientes todos estables, sin ningún compromiso importante del estado de salud, pero era necesaria la valoración de un especialista”.
Por Fredy Alexander Zuluaga Hoyos
Enviado especial de Inforiente a San Rafael
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