Lunes, 17 de Agosto de 2009 02:58
DESDE HACE CINCO años este corregimiento de San Francisco, en el Oriente antioqueño, celebra las Fiestas del Afecto y del Retorno, para dar gracias por el reencuentro de los desplazados y honrar la memoria de los que no volvieron.
Es mejor comer yuca con sal en el pueblo de uno, que comer lentejas siendo forastero. Y no lo dice una persona, lo dicen 1.600 que retornaron a Aquitania después de que los echaran todos los grupos armados, durante más de una década.
En 2003 se desplazaron todos, menos don Francisco Antonio Giraldo, Santos Arias, doña Rosario Mejía y sus dos hijos pequeños, Eloisa Soto que ya murió, y Toñito Patiño que se quedó con su bastón, su ruana y su sombrero. Los demás no quisieron tentar a la muerte y se desplazaron hacia San Luis.
"Eso era horrible y azaroso. Los perros llegaban al rancho y aruñaban las puertas de todo el pueblo pidiendo comida y lo mismo las bestias. Eso fue muy duro porque no teníamos comida, pero entre los que nos quedamos nos ayudábamos. A los tres meses fueron llegando los primeros...", cuenta Rosario.
El primero fue don Ramón Antonio Vásquez, un vecino suyo que seis años después del retorno todavía sigue intentando levantar la finca que encontró caída. "Perdí como 80 cargas de maíz, imagínese, no teníamos ni arepas ni mazamorra, todo el cacaotal hermoso que tenía se perdió enterito".
Pero a él todo le hace gracia porque se ríe al tiempo que lo cuenta, y mientras, muestra siete heridas en el cuello y la cara por unas abejas africanas que lo picaron esta semana en el corte. "Cuando no es una cosa es la otra", y suelta la carcajada, porque además de los armados y las africanas, don Ramón está lidiando con "la avioneta" que le dejó el cacaotal nuevo en una sola quemazón.
Mejor dignidad que plata
Ana Ligia Higinio fue la promotora de salud de Aquitania durante 25 años. Tanto guerrilla como paramilitares le habían respetado la vida por la seriedad de su trabajo con la comunidad. Pero el compromiso con la gente la obligó a denunciar lo que para ella eran ejecuciones extrajudiciales por parte del Ejército. Cuando llegaron las amenazas la Administración Municipal de San Francisco la sacó del corregimiento y a los pocos meses, con ocho de embarazo, el gerente del hospital la echó.
Ana es hoy la representante de la mesa de víctimas de desaparición forzada y es una de las organizadoras de las Fiestas del Afecto y del Retorno que celebran en Aquitania desde hace cinco años y que concluyeron ayer con un emotivo salón dedicado a los asesinados y desaparecidos.
Según explicó Ana, se está haciendo un rastreo de todas las personas que huyeron y nunca volvieron al pueblo. "Hasta ahora hemos encontrado en las cinco colonias de Aquitania cien casos de víctimas de homicidio y desaparición forzada. Hemos sabido de otras 17 víctimas de minas antipersonal", cuenta.
Este trabajo, según argumenta Ana Ligia, hace parte del Salón de la Memoria que los habitantes de este corregimiento de San Francisco quieren construir.
"Pero a la gente todavía le da mucho miedo", dice. A la marcha que realizaron el pasado sábado, por ejemplo, estaban invitadas mil personas y apenas acudieron cien. "Pero es un trabajo muy necesario. Vea, en la colonia de Rionegro tenemos el Grupo de los Abrazos en el que se encuentran quince personas a sanar sus heridas y hoy ellas dicen que ya se sienten reparadas, por qué, porque para las víctimas es mejor recuperar su dignidad que recibir plata", explica Ana Ligia.
Por eso, aunque está desempleada, dedica casi todo su tiempo a otras víctimas.
"Estamos presentando a las instituciones un proyecto para trabajar los abrazos y recuperar el tejido social en las otras colonias, pensamos crear ocho grupos más pero no hemos tenido el apoyo financiero", lo cual la preocupa pues según Ana Ligia, el año pasado se les suicidó una niña de 18 años que presenció en Aquitania el asesinato de su novio.
Pero el Estado no retornó
Ahora que volvió la gente, lo que falta en Aquitania son los ojos del Gobierno.
En el puesto de salud sólo atiende una enfermera que se ve en apuros cuando llegan heridos de machete. Los heridos de machete abundan porque como no hay Policía los pleitos de borracho terminan casi siempre con los tendones comprometidos; sólo hay seis profesoras en el pueblo para primaria y una para secundaria; y los niños y jóvenes, como no hay más, se salen de estudiar para entrar al monte a raspar coca, y de remate está el estigma por la presencia de cultivos ilícitos en la zona.
Carlos Mario Nava Villegas, alcalde de San Francisco, dice que falta muy poco para que los campesinos, obligados por el hambre que están aguantando, se organicen y decidan bloquear la autopista Medellín-Bogotá.
"Los campesinos no son delincuentes ni siembran coca por gusto. En este corregimiento los 1.600 habitantes son víctimas que no han recibido la atención debida, necesitamos proyectos con ganado, cerdos, cacao, para que la erradicación sea efectiva y las personas no se mueran por falta de comida", dijo el mandatario local.
El daño es incluso peor, pues la gente decidió empezar a cortar monte, a quemar selva para sacar madera y tener con qué comprar aunque sea un pedazo de yuca con sal.
Paula López - Aquitania, San Francisco / elcolombiano.com
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