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El sol se escondía tras las nubes y la brisa fuerte pero silenciosa, hacía mecer las hojas de los árboles. Al avanzar, el cielo se tornaba más opaco y amenazaba con arrojar grandes gotas.  Las construcciones del hombre iban quedando atrás para manifestarse en todo su esplendor la flora y la fauna típicas de tierra fría. Los cultivos de papa y curuba embellecían el paisaje.  En la tierra se veía el trabajo del hombre, pues se observaba un suelo alineado de donde brotaban diversos tallos de muchas especies.

 
La gente en el trayecto se caracterizaba por rasgos diferentes a los citadinos.  Ahí la globalización u homogenización era desconocida. El poncho, las botas y el sombrero cubrían la presencia en cada residente. 
 
El largo camino jugaba con la vista, parecía enredarse entre las grandes cordilleras y desvanecerse dentro la nada. Mientras que en la W Radio, Julio Sánchez Cristo hablaba de la muerte de Elizabeth Taylor, sobre los huevos de codorniz y de gallina y comentaba de la “pobreza” de los hermanos Nule, el carro se sacudía violentamente, escalaba con gran facilidad y burlaba las holgadas curvas, los de adentro se entontecían. 
 
 
Tal vez “si las montañas hablaran cuántos cuerpos no se encontrarían”. Dice Bibiana Berrio, coordinadora de proyecto Fundación Portafolio Humano.
 
Puerto Venus:
 
Después de pasar por el Páramo de Sonsón y el “Balcón de Antioquia”, el camino se hacía más rudo. Las mariposas azul morfo, los pequeños grillos y aves se paseaban alertando a los seis espectadores.  También el agua era la protagonista: se deslizaba a mitad de camino fresca y transparente buscando en el Río Samaná.
 
Al subir la colina, las casas pintorescas se hacían notar; a su vez, se percibía la estación de policía y como eje central se ubicaba una gran placa polideportiva; a su lado, un pequeño parque con juegos para los niños y escasos árboles.   
 
La gente ya estaba reunida esperando un carro blanco que decía ONU. Carlos Iván Lopera, Jorge Iván Rincón, Bibiana Berrio,    Antonio Aristizábal, Pablo Londoño y Margarita Restrepo llegarón a un segundo hogar. Los rayos del sol enceguecían las amables miradas que reflejaban seguridad como confianza, las sonrisas y los abrazos iban y venía… Sin decirlo, se pronunciaba la palabra esperanza. 
 
Los niños se aferraban a las piernas de sus madres, parecían no entender el por qué la comunidad recibía con amabilidad y cariño a la visita; sin embargo, arrojaban una coqueta mirada a una cámara fotográfica y sin intuir mucho se hacían jueces inquietos y distraídos de su alrededor.
 
Desempañando los valores
 
Después de unos minutos, la mayoría de los habitantes se fueron desplazando a un modesto salón.  Las esquinas de las paredes parecían que hubiesen estado en remojo, en esos cuatro paredones colgaban diferentes carteleras. Una de ellas manifestaba:
 
“Con su apoyo haremos realidad nuestros sueños ACNUR, PNUD, Personería Municipal,  Portafolio Humano, Administración Municipal, Asociación de Desplazados Puerto Venus”
Mensajes que expresaban la fe y predilección que la comunidad tiene por los integrantes de la organización.
 
 
En un saludo explosivo e intenso por parte de los actores sociales se comenzó a construir con la gente. La temática principal eran los valores humanos en el individuo, el hogar y la sociedad. Para algunos un asunto cliché, que no importa, que es meramente ficción; pero aquí había que empezar de nuevo. 
 
Desde otro punto de vista, lo único bueno que dejó la guerra para quienes la padecieron fue que los hizo más humanos, y saben que   palabras como individualismo o abuso de poder, no sirven,  pero sí tienen presente que los valores humanos son aquellos bienes universales que pertenecen a nuestra naturaleza como personas y que, en cierto sentido, nos humanizan, porque mejoran nuestra condición de personas y perfeccionan nuestra naturaleza humana.  
 
Las voces ya no eran ocultas.  No existía la timidez. Tras una voz cálida seguía una entusiasmada, fresca… se estaban comprometiendo a ser amorosos, honestos, respetuosos, sinceros, tolerantes, comunicativos, humildes, unidos, discretos.   De nuevo guardaron en su mente y corazón que “La familia es el espacio para construir valores”. Están creyendo en que sí es posible una sociedad equitativa, donde los derechos humanos los cobijan y protege de una nueva amenaza.
 
Por las pequeñas ventanas se desvanecía el sol, anunciaba que la hora de partida estaba próxima. Después de concluir las actividades programadas, se quiso cerrar la jornada con un acto religioso.  La asistencia demostraba que todavía se piensa con optimismo. Se le agradeció a Dios por parte de todos los presentes la oportunidad de compartir y brindar   el acompañamiento.  Se ofrecieron las herramientas de trabajo: la luz, el vino y los alimentos. Las voces se unieron, los apretones de mano eran fuertes, la voz del padre generaba tranquilidad, la buena energía se paseaba como el viento y lo último que se menciono fue “podéis ir en paz”.  En ese instante todos salimos del salón con los pies firmes en la tierra, pero dando como hecho que pronto el progreso de Puerto Venus sería evidente. 
 
Las almas desfiguradas
 
Es imposible echar todo al olvido.  Las víctimas de la violencia en Colombia tuvieron que aprender a sobrevivir con el corazón mutilado. A muchos les arrebataron sus tierras, despiadadamente, se llevaron la honra de algunas mujeres, los planazos hacían parte del castigo, la sangre adornaba los callejones, los gritos eran cantos desajustados, el llanto era frecuente, los cuerpos estropeados emergían en las grandes torrentes y las humillaciones hacían parte de la amargura, todo esto por los “dioses” que perseguían ideales desequilibrados, donde se volvió tradición la sevicia, fue en ese trance donde se perdió el norte y donde esa utopía de país justo y equilibrado se volvió un sueño aplazado. 
 
 

La historia de los predios
 
El trayecto se repetía una y otra vez.  Las montañas volvían a comerse la precaria carretera; los arroyuelos se salían de su camino, el olor recio del ganado se impregnaba en las narices, la corriente de agua musitaba aún más cuando apretaba las grandes rocas. La chispa intensa hacia que los cuerpos sudaran  y estaban obligados a protegerse de los mosquitos y esa gran estrella.
 
Hubo que ponerse las botas y preparase para seguir atravesando la cumbre. Parecía que se estaba entrando a la selva, el ruido, el bochorno, la sed y la ansiedad era más intensa. Los pies se hundían en algunas partes de la manga, el vestigio de los animales se hacía notar, el terreno era desigual pero no tenía gran dificultad, los perros corrían de un lado a otro y la gente esperaba…
 
A lo lejos se veía una afable casa de color azul pastel y rojo. Estaba rodeada de cordilleras que incluía diferentes tonalidades de verde y entre ellas las contadas reses.   Al llegar a la residencia se hacía evidente el alboroto, los perros movían la cola, los niños hacían fila para que les pintaran la carita con un parche pirata,  las pocas adolecentes jugaban con un loro y los adultos ya estaban sentados para escuchar la alocución. 
 
Los predios está conformado por dos veredas: Argentina y Arrayan.  Aquí, entre estas montañas, se encuentran reubicadas 21 familias procedentes de varias partes de la nación, a cada familia el INCODER (Instituto Colombiano de Desarrollo Rural) le ha cedido un trozo de suelo para que cada ciudadano empiece a rehacer de nuevo sus vidas.
 
Las tres organizaciones se hacían presente en la vereda Arrayan, Portafolio Humano se dedicó a los niños y a la preparación para la celebración de la misa, PNUD y ACNUR trabajaban con los adultos, seguían desarrollando la temática del pacto de convivencia, un proyecto importante, el cual ha sido la base para la reconstrucción de paz y mejorar la convivencia.
 
Salomón Manuel Petro Flórez, un habitante de la Argentina, ya estaba listo, en su mano izquierda sostenía un cuaderno y en su mano derecha empuñaba un lapicero.  Él, como líder de la organización ASODEPRANA (Asociación de desplazados en proceso de reubicación de la Argentina Nariño Antioquia), asume la responsabilidad de escribir para “recordarle a mis compañeros qué se habló, qué se está tratando, cómo va la causa, qué se tiene para mejorar y qué nos toca poner de nuestra parte”, afirma Manuel. 
 
 
Él y su familia son desplazados del municipio de Cáceres. Con lagrimas en sus ojos narra cómo fue su historia,  “Me tuve que ir, fui afortunado y solo me dieron planazos a otros los mataban… Es que el que tiene armas y el que opera en grupos hacen y desasen a diestra y siniestra…”
 
Muchos de los desplazados en el país están agotados de que “les pinten pajaritos”, de que miles de organizaciones ofrezcan su ayuda y se satisfagan con una sola visita, pero no entienden que para hablar de desarrollo, es necesario un acompañamiento y una comunicación participativa basada en la alteridad y el factor humano.  
 
Aunque la diversidad de culturas se presente en este lugar, es complaciente poder ver y sentir que no sólo lo que se ha trabajado es teoría. Cada habitante demostraba que estaba involucrado: la participación, rectificación de patrones, preguntas y risas tenían un fin… llamado “Las vivencias de un camino recorrido” o simplemente “Cumplidas en su totalidad, el paraíso” como lo describe Flórez.  
 
 
 
La despedida
 
Nadie quería irse.  Los sentimientos y la plenitud estaban clavados  en estas tierras, cada minuto de oración, de diálogo y juegos se hacían dichosos, pero había que marcharse,  pues en unas horas la luna estaba por exhibirse. La caminata fue agradable.  La gente de las dos veredas acompañaron al equipo de trabajo hasta la carretera, pero no para decirle adiós, sino hasta pronto.  
 
Nariño: El último día 
 
La intensa luz se asomaba por las dos pequeñas ventanas de la habitación del hotel.  El ruido que llegaba del largo corredor  anunciaba que pronto se acercaba la hora de partida, pero antes se tenía una cita con los habitantes de Nariño. 
 
Las casas coloridas tenían varias capas de pintura, algunas de esas paredes y ventanas tenían la huella del crimen… las habían perforado, el diminuto hoyo ere casi perfecto menos por los rasguños que lo rodeaban, en uno de ello.  A alguien le dio por preguntar: 
 
-¿Eso es de una bala?
 Y Antonio, personero del municipio, respondió:
- No, eso fue una bomba que estalló aquí, abajo… ya te imaginarás cómo quedó
- Nada - respondió ella. 
- Aún por algunas casas se ven los huecos de las balas, la estación de policía fue reconstruida… 
- sí, ya  sé, ya me habían contado.
…Seguían mirando a la gente que se paseaba con tranquilidad. Desde ese tercer piso se veía algunas puertas con enormes  candados, y se escuchaban las motos, los carros, los caballos y las mulas, esos eran los medios de trasporte. 
 
Las calles son empinadas, las casas son pegadas una tras otras y cada una de ellas tiene un color vivo que hace parecer que allí no hubiese pasado nada.
 
Muchos de los habitantes de Nariño habían salido de sus tierras, como Margarita León, quien dice en una sola palabra que esa época fue “horrible”, igual lo afirma Antonio Arcila quién tuvo que aceptar que el corredor de su casa fuera hotel para las FARC. Él comenta “la mujer y la familia me dijeron que nos fuéramos de aquí o sino fallecíamos todos” hastiados del repetitivo acontecimiento, con desesperación y temor, tomaron sus maletas y se marcharon.
 
 
Al terminar de recordar e imaginar ese pasado, se montaron en el carro. A una distancia de dos cuadras, llegaron a un tipo de parque; ahí se encontraba una enorme y blanca iglesia.  Al lado izquierdo había varias puertas y entre una de ellas la que los guiaría al auditorio. 
 
Había más de 100 personas, sobre todo señoras y señores de edad.  Cada uno de ellos escuchaba detenidamente lo que se les estaba informando. 
 
Los pocos niños presentes ya estaban cansados o la mirada se veía fatigada y apagada, pero todo lo contrario pasaba con los adultos, pues soltaban la carcajada no sólo ante el buen humor de Carlos Iván, sino también cuando el flash se disparaba cerca a sus caras. 
 
Mientras que unos preguntaban que si la foto salía en instantes o pedían que se les capturara una imagen, Lopera preguntaba qué vacios existen en la comunidad.  El silencio trató de apoderarse; no obstante, fue vencido por las vivas palabras de una voz senil, parecían que sus propuestas eran despistadas, pero no fue así: eran viables, constructivas y llenas de diversión.  
 
En seguida se pasó a la celebración eucarística, donde muchos de los presentes dieron infinitas gracias. El padre, con toda su fe, bendijo a los presentes y en el momento de la paz se entregaron unas semillas de girasol, las cuales representaban la prosperidad, sabiduría y conocimiento.  Se celebró con gozo y armonía, hasta los niños se hacían más visibles, al terminar los presentes pasaron a reclamar su almuerzo y alrededor de esa gran iglesia se sentaron para comer. 
 
Era allí, en ese instante, que las tres organizaciones se preparaban para regresar. Con un “gracias”, un “hasta pronto” y  un fuerte movimiento de mano se despedían los habitantes, en la distancia se iban perdiendo las grandes sonrisas y distintas miradas.
 
El camino de regreso se hacia un poco más largo.  El sol chocaba con los rostros, los cuerpos se sentían cansados, los chistes en el camino hacían que no fuera tan largo y las conclusiones de la visita arrojaban buenos resultados.  Lo que se había planeado se había cumplido, y lo que se está proyectando tiene grandes expectativas.  
 
Una visita que generó miles de emociones, sensaciones y cambios de ideales, pues lo que se vivió tan solo fue parte de una distinta realidad en la que hay mucho por hacer, donde el camino conserva la memoria viva y donde el tiempo marca la diferencia.
 
Fotos: PNUD 
 
 
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