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Llegan acompañados de un zurriago, luciendo un poncho y un par de botas que con el color amarillento del pantano reflejan lo largo de los caminos trasegados. Las mujeres llevan a sus hijos tomados de la mano y sus miradas no disimulan los estragos que deja la guerra. Son los grupos de víctimas y desplazados de Nariño y Puerto Venus, los mismos que mes tras mes asisten a las capacitaciones que busca convertirlos de víctimas a ciudadanos.

Durante años no hicieron otra cosa diferente a esconderse, huir y agachar la cabeza ante la ley que impone el cañón de un arma. Pero ahora, como ellos mismos lo expresan, todo “es diferente, pues ya estamos abriendo los ojos”.

Desde octubre de 2010 una alianza entre el PNUD y la ACNUR, dos agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los capacita sobre derechos y deberes que tienen como víctimas, pero sobre todo, les enseña cómo desde su condición pueden pasar a ser ciudadanos activos, productivos y propositivos en sus comunidades.

“La gente se está concientizando mucho de las cosas. Ya pensamos en un futuro, no esperamos tanto a que nos den, sino que proponemos y tenemos ganas de hacer las cosas por sí solos. Lo único que necesitamos es apoyo” dice en tono pausado Rigoberto
Rendón, presidente de la Asociación de Población Desplazada del Corregimiento Puerto
Venus, mientras que de vez en vez hace una pausa para recordar el azote que vivió su población por la presencia que tuvo allí el frente 47de las Farc.

Capacitaciones del PNUD y la ACNUR con desplazados reubicados en los predios de La Argentina

Y justamente esa es una de las principales fortalezas que tienen estas capacitaciones programadas por la ONU y desarrolladas por la Fundación Portafolio Humano, ya que aquí todos tienen algo en común, todas sus historias son parecidas, una más impactante que la otra, pues todos fueron tocados, sin querer, por los estragos que deja el conflicto armado.

Pero no sólo las capacitaciones mensuales sirven para que los cerca de 500 beneficiados en Nariño y Puerto Venus se reconozcan entre ellos y se compartan sus amargas experiencias, también para fortalecerse en lo social, en lo político, en lo participativo, en lo democrático, en la resolución pacífica de conflictos, y sobre todo, en la sana convivencia.

Para Carlos Iván Lopera, responsable territorial del PNUD en Antioquia, este tipo de procesos además de fortalecer el tejido social y humano también logran restituir los derechos básicos que todo ciudadano pierde cuando es tocado por la guerra. “Con esto se gana mucho, porque precisamente la guerra lo que hace es acabar la democracia, la comunidad, el medio ambiente y desarraigar. Cuando se reconstruyen estos aspectos primero se sanan las heridas de la guerra y luego se vislumbra un nuevo horizonte para las víctimas de esa guerra”, consideró.

Vienen de muchos lados

Aunque el proyecto se enfoca en la Asociación de Desplazados de Puerto Venus y la

Asociación de Víctimas de Nariño, las capacitaciones y el acompañamiento se extienden hasta las 36 familias reubicadas en Las Playas del Arrayán y la vereda La Argentina.

Éstas son familias desplazadas de diferentes zonas del país. Hay de Córdoba, del Meta, de Casanare, de Urabá, del Chocó. Son familias que tras varios años de rodar con sus pocos corotos y un costalado de recuerdos fueron ubicados en estos predios adquiridos por el Incoder.

“Hay que reconocerlo. Aquí estamos tranquilos y nadie nos persigue. Tenemos nuestra tierrita y como podemos cultivamos para subsistir. Eso sí, todo hay que decirlo, nuestra mayor preocupación es que Incoder no nos ha cumplido con la entrega de las escrituras y por eso no podemos hacer prestamos en el banco, además que las ayudas de Acción Social llegan muy de vez en cuando”, coinciden Manuel Petro y Ramiro Goez, un par de desplazados a quienes los paramilitares les arrebataron todo en Córdoba y Urabá., respectivamente.

No obstante, y a pesar de las dificultades que expresan haber tenido durante los dos años largos que llevan en El Arrayán y la Argentina hay algo en lo que coinciden las 36 familias, en que “el acompañamiento que trae la ONU con sus agencias ha sido el mejor regalo que hemos tenido, pues ya no somos desplazados, ahora somos de nuevo ciudadanos”.

Y es que en medio de tanta historia de vida, de vida de sufrimientos, y entre tanto reparo por “el incumplimiento del Gobierno” siempre hay alguien que encuentra algo positivo. Es el caso de *María, una joven morena de ojos brillantes; su edad no sobrepasa los 25 años y de ellos por lo menos 10 los pasó corriéndole a la guerra, y aún así, y en tono enérgico y casi orgulloso dice que “aquí estoy como en el paraíso. Nadie amenaza mi vida, mis hijos crecen tranquilos y fuera de eso ya tengo un pedazo de tierra; ya tengo un ranchito donde vivir. Yo antes no tuve esto”.

Asociación de Víctimas de Nariño en una de las capacitaciones dictadas por el PNUD y la ACNUR

El camino es largo

Si bien la capacitación y acompañamiento en Nariño y Puerto Venus está programado para finalizar en marzo de 2011, desde el PNUD se plantea la posibilidad de continuar el proceso hasta finales de año, pues como lo consideran los responsables del proyecto “cuando se habla de víctimas siempre habrá algo por hacer”.

Bibiana Berrío, coordinadora de proyectos de la Fundación Portafolio Humano, considera que con los grupos de Nariño y Puerto Venus “es mucho lo que se ha logrado. Ellos ya están empoderados de su proceso y del papel que juegan dentro de la sociedad. Aún así es mucho lo que falta, sobre todo en materia de reparación por parte del Estado, y que cada día se fortalezca aún más la convivencia”.

Asimismo, Albeiro Marulanda, presidente de la Asociación de Víctimas de Nariño “Soñando por Nuestro Pueblo”, cree que “apenas estamos arrancando con lo que realmente queremos, y es que cada vez seamos más visibles. Que todos los días las víctimas de la violencia podamos ser más participes de las decisiones en nuestras comunidades”.

Y precisamente esa participación activa en las comunidades es la que quiere lograr este
proceso, el mismo que mes tras mes se realiza en Nariño, Puerto Venus, El Arrayán y la
Argentina; al que cumplidamente llegan los beneficiarios acompañados de su zurriago y luciendo sus botas empantanadas, y para lo cual no les importa dejar por un día sus actividades de campo, saben que al final es mucho lo que están ganando, pues están dejando de ser víctimas y de nuevo están volviendo a ser ciudadanos.

*Nombre cambiado por seguridad

Fotos: Cortesía e Inforiente

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