Lunes, 20 de Diciembre de 2010 08:01
Escrito por Hernando Loaiza Bastidas

Opinión: ROBERTO HOYOS y RAMON EMILIO ARCILA - Dos Timoneles, Dos Historias… perdidas en el parroquialismo, los favores y la desmemoria DEL NOVÍSIMO PRINCIPADO
En forma de Prólogo
Este es un título, no solo atrevido, como pretencioso, no únicamente por las historias y nombres que quiere abarcar, sino y sobre todo por lo quiere abordar y por buscar la apertura de un debate político, por demás necesario, en tanto se inicia un año electoral pleno de sorpresas y no pocos rumores fabricados en los mentideros políticos de esta vecindad.
Es de anotar que poner en escena todo su contenido, conllevará a su autor todo tipo de palabras y juicios. Pero es claro que la labor de escribir implica tales eventos. De eso se trata la labor del escribir, la crítica que aborda y el ejercicio de la libertad de pensar y opinar, asumiendo lo que con ella se despliega.
La ausencia de medios de comunicación que aborden lo local de manera cotidiana, nos priva del fluido permanente de puntos de vista, que faciliten la construcción de opinión pública favorable o negativa, en particular, sobre el ejercicio de la labor gubernamental.
En mi libre ejercicio ciudadano, libro de responsabilidad alguna a este medio, que gentilmente me ha editado este texto, lo mismo que al partido político donde expreso mi pensar sobre lo público y constato mis convicciones.
Un poco de historia en el presente
Cada uno por su lado, son un poco de gloria, olvido y épocas pasadas, como sin significación o incidencia presente. No obstante marcaron una pauta y una ruta que logró definir la huella de un territorio, durante un tiempo prolongado. Ambos con finales trágicos, como regularmente sucede en este país que nos tocó en suerte, pero sin duda una existencia que se prolongó a su obra, o mejor decir que mucho de su obra y sueños se mantienen como faro o como nostalgia de un tiempo que ya no es el de ellos, pero que imperioso obliga a remitir a los tiempos en que fueron y estuvieron en contradicción o cada uno en su orilla escogida.
No sobra afirmar que quienes les sucedieron se pierden en lógicas y rutas distintas a las impresas por ellos en tantos años de incidencia y quehacer. Los proyectos políticos, no sus métodos, que encarnaban, por demás, sustancialmente distintos, no hay quien los recoja, hoy están en las manos del olvido, como si la historia no fuese la cantera donde se forman, inspiran y sueñan los que prosiguen con las banderas en alto del cúmulo de ideas que encarnan, como debe ser, un proyecto político que aspire a ser el norte, o el sur, o la carta de navegación sin la cual, cualquier ejercicio de gobernar, no resulta más que en prácticas administrativas, vacías de sentido y sin perspectiva estratégica para un territorio que debe ser mucho más que un lugar añorado y bucólico, donde transcurre la nostalgia y lugar de nacimiento, como una patria chica que todo el mundo quiere, pero en la cual no hay la suficiente levadura para inspirar la permanencia para soñar y construir. Tal cual un barco a la deriva.
Una bandera y otra, reposan impávidas y roídas, sobre el campo de batalla…
Dos proyectos políticos diluidos en el vacío
Es claro que todo proyecto político tiene un origen, un alza, una época de gloria y una inevitable decadencia, fruto de factores diversos. Por lo que es ineludible hacer las valoraciones sobre sus impactos y errores, aún así, cada proyecto deja su impronta o su huella, es imposible desconocer lo que hizo o dejo de hacer, por tanto esos dos proyectos políticos se convirtieron en punto de partida para pensar las opciones políticas que se han disputado el gobierno y el manejo del Estado en el territorio de Marinilla, pero no en términos de alternancia, al mejor estilo del Frente Nacional, sino en tanto disputa de dos modelos de construir el territorio, su desarrollo y concebir el beneficio y protagonismo de sus habitantes.
Todo proyecto político debe ser valorado por lo que hizo y por los errores que impidieron su prolongación y no mediante una práctica cotidiana, muy usual, de referirse a ellos desde un anecdotario que no da cuenta de las realizaciones, sino de una forma de hacer ver ciertos personajes como si fueran principio y fin de todo, como si ellos hubiesen construido solos, sin nadie más alrededor, una forma de negar la verdadera historia que ha sido colectiva y no podría serlo de otra manera.
Un elemento fundamental de cualquier proyecto relacionado con su prolongación y pervivencia en el tiempo, es el relativo a los relevos generacionales. Tal idea o elemento constitutivo, impide que solo un liderazgo asuma el papel de imprescindible y tras su desaparición, acabe con las pretensiones concebidas.
El gran problema al que asiste nuestro territorio, tiene que ver con ese elemento vital de permanencia y prolongación. Hoy no hay los colectivos, que en sentido generacional hayan asumido tal tarea. Existe, por tanto, un vacío de DIRIGENCIA POLÍTICA, que asuma el recoger las banderas o defina con base en la crítica, la asunción de un nuevo proyecto político, si se concluye que los otros dos han finiquitado o agotado sus pretensiones estratégicas.
Administrar es parte del gobernar, pues orientar y conducir el Estado hacia un modelo de desarrollo democrático e incluyente, justo y con una ciudadanía protagónica, va más allá del manejo de los recursos, la contratación y el reparto burocrático. Esa es la diferencia clave entre un administrador y un dirigente.
El novísimo principado… nueva “generación política” sin proyecto político
Uno de los pilares vitales de una democracia sólida, lo constituye la existencia de partidos políticos fuertes, estructurados y democráticos, que son los portadores por excelencia de los proyectos políticos que le ofertan a la sociedad y que se deben discutir en el marco de la lucha política y una de sus ramas: la lucha electoral.
Ese elemento vital, no se aprecia con nitidez en nuestro municipio hoy. Los partidos han guardado sus plataformas y proyectos, para introducirse de lleno en las pugnas del manejo burocrático, los conflictos de intereses, la contratación pública, el presupuesto municipal y los tapetes rojos.
La lucha electoral se ha reducido a un problema de nombres, “líderes irremplazables”; sociedades de elogio mutuo y autobombo; camarillas de poder; malos comentarios, propaganda negra, manzanilla y cero debate político sobre el presente y futuro socio-económico del territorio.
Un nuevo principado ha surgido, no dependen en sus decisiones de ningún mecanismo democrático y colectivo, los partidos políticos para este nuevo principado, no son más que mecanismos para expedir avales y facilitar su ingreso a la contienda electoral, sin más responsabilidad que hacerse con la victoria para ampliar sus dominios y dar origen a un nuevo caciquismo, nada diferenciado de lo que vivió nuestro país y municipio en épocas pasadas.
Tal retroceso democrático debe ser cuestionado a profundidad y al efecto los partidos políticos, las organizaciones sociales, las ciudadanas y ciudadanos, deben asumir tal tarea.
El control político que deben asumir los partidos políticos y sus militantes, sobre los elegidos, debe ser consecuente con lo que enarbolan en sus plataformas, campañas, programas y estatutos.
La última experiencia de alianza política en Marinilla, solo resulto ser la sumatoria de votos para garantizar la victoria y no lo que se pensó que era: una convergencia política para pensar, construir y reorganizar un territorio que posee una inmensa deuda social e históricamente tiene un papel vital en la construcción de la república desde sus orígenes.
Marinilla exige Dirigentes y partidos con apuestas de futuro, no príncipes hechos a la altura de sus particulares intereses.
Coaliciones electorales para el manejo presupuestal o un nuevo acuerdo político para el territorio
En consecuencia de lo afirmado, hace más de 20 años, la constante política en el municipio es que ningún partido puede solo, alzarse con todo el poder, por ende, le es necesario construir alianzas para hacerse con la victoria. Esa constante no ha cambiado y se mantiene hasta hoy.
El nivel de agotamiento de la actual alianza, da las pautas para repensar el sentido de las alianzas, sobre todo que ha iniciado un nuevo año electoral y empiezan a darse las primeras negociaciones.
Es ineludible que la nueva alianza vaya más allá de los nombres y se piense en cual va a ser el proyecto político que va a presentar a la sociedad Marinilla. Este elemento es hoy insoslayable y al que tendrá que acudir si quiere el favor del electorado.
Una alianza para solo pensar y construir los mecanismos para repartir el botín presupuestal, es impresentable y Marinilla le dirá no gracias ya estoy satisfecha.
Si diéramos como válida la hipótesis de que tanto el proyecto político de la Casa Grande, como el Dirigido por Ramón Emilio Arcila, están agotados en todas sus pretensiones estratégicas, este año electoral que inicia es tiempo prudencial para iniciar la discusión y decantación de un nuevo proyecto político para el municipio de Marinilla y una nueva coalición o alianza o convergencia que dirija y oriente tal propósito, con miras a echarlo a andar en el próximo cuatrenio.
Es necesario que se desaten las fuerzas vivas del municipio, se construyan los canales de diálogo social y político, para avanzar en tal tarea y el año electoral no sea una procesión decadente de afiches, volantes y personajes sin oferta alguna para un municipio que demanda mayor seriedad de la política de los partidos y las organizaciones sociales, para participar de un futuro que hoy parece lejano.
Marinilla requiere y exige partidos políticos y organizaciones sociales que orienten el papel del Estado de cara a las comunidades y sus problemas en rechazo a partidos políticos que se apropian del municipio como si fuera un negocio particular.
Un concejo municipal que piense el territorio y no la burocracia
Otro de los pilares de la democracia occidental, de la cual bebemos, hace relación al esquema gobierno - oposición, como elemento clave del control político. Este factor ha desaparecido del ejercicio político local.
La participación en el presupuesto municipal, el reparto burocrático y la contratación, son los ingredientes para que dicho esquema desaparezca y por ende el papel de los partidos, al no establecer control real sobre sus representantes elegidos en las corporaciones públicas y que se encuentran en la oposición.
La división de poderes, el ejercicio firme y real del control político son banderas que deben alzarse y poder dar cuenta del clásico Concejo Municipal FIRMÓN del ejecutivo.
La democracia y el control al poder deben ser parte y requisito insoslayable del nuevo acuerdo político al que se aboca Marinilla.
Mas allá del reparto burocrático, los favores políticos y la contratación, Marinilla requiere un Concejo Municipal dedicado a pensar y construir una Marinilla de acuerdo a lo que exige la realidad y los niveles de competitividad e infraestructura exigidos para hacerla viable y para recuperar el liderazgo en el Oriente Antioqueño y convertirnos en un serio aportante al desarrollo del Departamento de Antioquia.
Organizaciones comunitarias y Estado, una relación más allá del favor político
Cada organización social hablará bien del gobierno de turno en la medida de los recursos a los que ha accedido o los contratos que ha logrado concretar fruto de sus vínculos políticos, clientelares o su caudal electoral.
Tales dinámicas han degenerado las organizaciones sociales, han debilitado sus mecanismos internos de democracia, han impedido su crecimiento, han formado dirigentes que han devenido en dueños, han convertido las organizaciones sociales en un papel denominado certificado de existencia y representación legal, y por supuesto, les han vaciado de su contenido y reivindicaciones.
No obstante tales prácticas existen organizaciones que han resistido a tales embates y sobreviven y mantienen sus plataformas y autonomía.
En la identificación de un nuevo proyecto político para Marinilla, no solo basta que sean parte de el, diversas e importantes organizaciones sociales, sino que debe asumirse como requisito, que las organizaciones sociales son el canal ineludible de comunicación entre el Estado y las comunidades portadoras de las necesidades y a su vez las organizaciones son las conocedoras a profundidad (si no han degenerado) de las luchas y deudas históricas que el Estado tiene con las comunidades. Ese vaso comunicante debe ser parte constructor del nuevo acuerdo político que Marinilla requiere.
Ese es un requisito básico del nuevo acuerdo, de ser así, tendrá un nacimiento democrático y garantizado su poder convocante.
Esa dinámica exigirá un cambio en las formas y métodos de concertación y futuro de las organizaciones y redimensionará una relación entre Estado -organizaciones – comunidades.
Héctor Iván y José Luis, proyectos sin votos o votos sin proyecto
Marinilla fue la gran perdedora en los comicios parlamentarios del 14 de marzo de 2010.
Se suma a lo anterior que dos personajes marinillos como los citados también asumen sus perdidas en su vida política.
Es absolutamente necesario que cada uno de ellos, independiente de sus actuales posiciones burocráticas o profesionales, sean parte del debate sobre la identificación de los ejes estructurales del nuevo acuerdo político para Marinilla.
La pregunta que cabe hacerse en estos momentos, es si cada uno de ellos va a convertirse en protagonista desde su diversa orilla, de un nuevo acuerdo político electoral, que mantenga al municipio en tablas y en la lógica de “quítate tu, pa´ponerme yo” o en una actitud más proactiva y de mayor trascendencia, saliéndose del matute tradicional de sumar votos y se dispongan a un ejercicio de mayor calado político como es el de protagonizar con muchas y muchos el trabajo de pensar futuro y convenir ese nuevo acuerdo político.
Las prácticas tradicionales de revanchismo político han conducido a Marinilla a un desgaste de los ejercicios gubernativos que hemos conocido, en desmedro de la propia vida de la gente y sobre todo de aquella que más arraigada está en su territorio y labora diariamente para vivir. Demos por sentado que ambos proyectos políticos que han gobernado a Marinilla han agotado todo su potencial, tanto que hoy recurrir a ellos, hace parte más de la nostalgia que de un ejercicio serio por pensar cuales son las exigencias que demandan el presente y futuro de Marinilla.
Todo lo que conlleve a la redefinición de ese nuevo acuerdo, es un paso adelante por la superación de una etapa política del municipio y la identificación de una nueva etapa sin la cual Marinilla se convierte en un municipio inviable conducido por una dirigencia que no ha redefinido su carta de navegación.
Hoy estamos ante nuevos tiempos y un cambio de época, eso es indiscutible. Con esa premisa, la redefinición y abdicación de muchos mecanismos y prácticas, como también la identificación de nuevos intereses y dinámicas, darán los resultados en octubre de 2011, ese será el primer round de la construcción del nuevo acuerdo político.
Héctor Iván y José Luis… Ahí está el megáfono!
Un nuevo proyecto político para Marinilla:
Un debate colectivo y una construcción necesaria.
Un proceso más importante que un concurso de nombres para la Alcaldía y el Concejo
Resulta obvio, que al frente del municipio estará una ciudadana o un ciudadano, lo mismo que un colectivo en el Concejo Municipal, eso es el mandato constitucional y legal.
En coherencia con el contenido de este escrito, el problema no es de nombres, ni personajes, sino de dirigencia política, para definir este año electoral que inició el 29 de octubre del presente, como un año de debate profundamente programático, una batalla de ideas, que arroje como resultado una carta nueva de navegación.
Esa es la exigencia del cambio de época y las perspectivas de futuro para Marinilla.
Sin temor a equívocos, los dirigentes de los dos proyectos políticos que hilan el sentido de estas líneas, estarían afirmando lo requerido, si contáramos con su presencia.
Es necesario reiterar que los partidos políticos que disputan en Marinilla realicen las respectivas asambleas y conferencias, que denoten su interés por valorar las exigencias del momento histórico al que asistimos. Lo mismo corresponde a las organizaciones sociales y gremiales y las más diversas opiniones ciudadanas, que constituyen en conjunto, las fuerzas vivas de nuestro municipio.
El conocimiento acumulado en la sociedad marinilla, lo mismo que la experiencia y la valoración de los errores, son insumos imprescindibles para realizar la gesta de repensar, reconstruir, innovar, reorganizar y definir las aristas y ejes constitutivos de un nuevo acuerdo político, sin el cual los niveles de viabilidad y futuro de Marinilla estarían seriamente comprometidos.
Este ejercicio exige, la mayor voluntad política y mental de todos los actores que concurran a su confección; la puesta a un lado de una serie de ideologismos que impiden el diálogo fluido y el reconocimiento de la diversidad y la diferencia; lo mismo que enterrar la mezquindad, el sectarismo, la envidia y la cicatería, para abonar el camino del entendimiento y poder usar toda esa energía en la consecución de los objetivos que demarquen el futuro de Marinilla.
Resta afirmar, la necesidad de reivindicar algunas pautas de la ética política para que el intercambio sea serio y contundente, de igual manera pensar el espacio donde inicie este proceso de diálogo político, con el cual dar apertura y hacer la ruta que permita su confección.
Definir la ruta del pensar y del hacer, nos lleva a un concepto o definición vital de la política, entendiéndose esta: como el arte de lo posible.
¡Entonces, no son nombres, son ideas!
Hernando Loaiza Bastidas -Ciudadano de Marinilla
Publicado originalmente en el Periódico El Marinillo
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