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Mentiría si dijera que nunca he quemado pólvora. Confieso que varios diciembres de mi adolescencia los pasé quemando “mosquitos” y papeletas a escondidas de mis padres. Afortunadamente nunca tuve ningún accidente y mi gusto por la pólvora fue disminuyendo hasta desaparecer. Sin embargo, y a pesar de los accidentes y quemados que hacen parte de las estadísticas año tras año, me ha inquietado por qué siguen habiendo personas que trabajan con pólvora. Acá está la voz de los que siempre son señalados, pero nunca escuchados.

Don Jacinto* es uno de los polvoreros que sobreviven en un negocio que desaparece gradualmente y que siempre había querido expresar que también hay injusticias con los que sólo buscan sobrevivir con un industria que ha perdurado durante décadas.

Eisen Hawer López: ¿Hace cuánto trabaja con pólvora?
Don Jacinto: Toda la vida, desde pequeñito. Mejor dicho, desde que podía lo ponían a uno a hacer cualquier cosa, lo que se pudiera hacer. A medida que uno iba creciendo ya lo iban poniendo a hacer cosas más delicadas.

E.H.L: ¿Con quién empezó?
D.J: Con mi papá. Yo tengo hermanos, y antes de casarse, trabajábamos acá en familia, pero ya se casaron y cada uno cogió su rumbo; yo me casé y seguí acá con mi papá hasta que él murió y ya seguí yo.

E.H.L: ¿En qué época del año se fabrica la pólvora?
D.J: Yo trabajo todo el año porque, digamos, acá en La Ceja somos tres polvoreros los que damos la cara y hacemos juegos pirotécnicos y vivimos de la pólvora, porque para diciembre aparecen de 15 a 20 polvoreros más, que la fabrican en esta fecha pero que no viven de ella, sino que trabajan en floristerías, en textiles o en la Nacional de Chocolates, y en las noches, en los ratos que les queda libres van haciendo pólvora. El problema es que esa gente es la que le daña a uno la cuestión, porque ellos le venden al borracho y al menor de edad, y ellos no tienen problema, porque cuando dan una orden de allanamientos, entonces los polvoreros somos Jacinto*, Raúl* y Tomás*, entonces la orden es para nosotros, a los otros no los tocan.

E.H.L: ¿Usted vive exclusivamente de la pólvora o desempeña algún otro oficio?
D.J: No, sólo de la pólvora. A ver cómo te explico, uno es como un conductor. El conductor vive sólo de eso. Así se choque, se ruede, siempre que él crea que puede seguir trabajando, sigue manejando, hasta que la capacidad física le dé.
Vea, yo he trabajado la agricultura, con animales, en construcción, pero nada me ha dado resultado, por eso sigo en este negocio.

E.H.L: ¿La pólvora la fabrican donde la venden?
D.J: No, por ejemplo yo la vendo acá y la fabrico San Bartolo*. Allá el vecino más cercano está a unas 14 cuadras.

E.H.L: ¿Cuántas personas trabajan allá?
D.J: En este momento tengo cinco personas trabajando. Entre ellos hay tres casados.

E.H.L: ¿Cuántas personas sobreviven   de la pólvora por parte suya?
D.J: De mí dependen siete personas.

E.H.L: Hablemos un poco de la rentabilidad y costos de este negocio ¿Cuánto cuesta fabricar, por ejemplo, una docena de voladores y en cuánto la vende?
D.J: Producir una docena de volador, le vale a uno por ahí cinco mil pesos, más o menos, y uno la vende a siete mil. Al por mayor le sale a seis mil y pico. Y eso depende también de la mano de obra que uno tenga, si uno tiene una mano de obra muy regular, no le va a rendir, y le va a salir un producto mal hecho, y esto es muy delicado. El problema en esto es que usted tiene un trabajador, y usted puede decirle “haga esto, o haga aquello”, o sea, un trabajador en el que usted pueda confiar y sepa que va a hacer las cosas bien, por eso uno en esto no puede meter a todo el mundo, porque la pólvora tiene componentes muy delicados. Esto es complicado y lo malo es que como todos estos químicos son importados, menos el azufre y el carbón, de resto son más de 200 químicos que son todos importados, y eso los importa el Ministerio de Defensa, la mayor parte para la fabricación de pólvora, y otros químicos que los usan las empresas y la industria, pero la mayoría de productos los importan para pólvora. Incluso a nosotros nos dieron licencia desde el Ministerio de Defensa para poder comprar estos químicos, más no para dejarnos trabajar; por todo lo que compramos nos toca pagar IVA, entonces eso es lo que uno alega con las autoridades, por qué de una vez no prohíben eso más bien. Digamos, cuando empiezan campañas de elecciones, ahí mismo vienen donde uno los políticos que “ve, colaborame con una polvorita para una caravana o un desfile”, y vea, yo he tratado de dejar esto muchas veces y le he bregado a otro poco de cosas para ir saliéndome de esto, para que no sea la principal fuente de ingreso mío, pero entonces ya empieza por ejemplo abril, ya lo empiezan a llamar a uno sacerdotes o de veredas que “vea, para que me haga una polvorita que ya empiezan las novenas de tal santo, de María Auxiliadora, que ya vienen las de la virgen del Carmen”, entonces es uno viendo que para esas fiestas sí no hay problema porque a nosotros los polvoreros de La Ceja nos buscan por ejemplo para ir a quemar a Medellín, a San Vicente, abajo a San Rafael, a mucho pueblo, entonces le mandan un permiso firmado por el comando o por el Alcalde para ir uno a quemar la pólvora.

E.H.L: ¿Entonces las restricciones y los problemas se los ponen sólo en la época de diciembre?
D.J: Sólo en la época de diciembre, pero porque… hombre yo no sé por qué. Lo que pasa es que uno ve que la cultura de la gente con la pólvora, ya es muy diferente a como era hace 20 o 30 años; los muchachos hoy en día, usted sabe que esos muchachos de 8 y 9 años son por ahí que con ganas de pólvora, con ganas de fumar, y a esos muchachos no los controla nadie, y a ellos no se les da nada; ya inclusive llegan y si les venden pólvora entonces cogen un taco o una papeleta y a una alcantarilla, o a una ventana, sí o no. Y mucha gente mayor que se toma dos o tres aguardientes, y ya con sus tragos en la cabeza cogen los voladores y los ponen por el pavimento. Entonces la gente dice que “la pólvora, ese peligro”, hombre, el peligro es la gente; un lapicero no es peligroso, pero si llega un tipo y se lo entierra a usted en un ojo, el peligro no fue el lapicero, fue el tipo que lo usó mal. Hay gente que coge y prende una pila y se queda teniéndola, eso es peligrosísimo. A mí acá me ha tocado regañar la gente que cogen y prenden un volador y no lo sueltan, y apenas va a estallar lo sueltan y les estalla cerquita, después se queman y dicen que es pólvora mal hecha, que esa pólvora es un peligro. Pero es que nosotros mismos quemamos la pólvora que hacemos, porque yo tengo que ir confiado con lo que estoy haciendo, yo tengo que saber qué estoy vendiendo, uno los tiene que ensayar y volver a ensayar.

E.H.L: ¿Ha considerado entonces dejar la pólvora definitivamente y dedicarse a otra cosa?
D.J: Considerado, claro, hasta que ya, pero es que el problema es que qué hace uno.

E.H.L: Imagino que ha llegado a venir la policía ¿Le han decomisado mercancía? ¿Cuánta?
D.J: Bastante, a mí me han dejado todo barrido.El mayor decomiso que me han hecho fue de 60 millones de pesos. En esto se maneja mucha cosa, inclusive entre los mismos polvoreros se maneja mucha envidia y mucho egoísmo.
Uno consigue la información, pero los mismos gremios echan el agua a los otros, porque así es. Claro que ya no tanto, porque la época de la pólvora ya pasó,  ahora porque uno está acostumbrado a esto, pero no es lo mismo la época de ahora 30 años, o unos 20 más o menos, que había plata y estaban los mafiosos por ahí revolando y trabajando, ahí sí se podía trabajar. Inclusive, en ese tiempo la policía no decía nada. Por ejemplo, acá yo tenía gente trabajando, y otros dos puntos más allá y otro más acá, y llegaba la policía y eso no era sino decirles que esto era para Fabio Ochoa, para Elkin Mesa, para Jorge Luis, le decían a uno “sí, ah bueno, cuando vengan dígales que nos deje la liga”. De ahí se iban a mirar qué otra persona llegaba a comprar para quitarle la pólvora. Es que en esto se maneja mucha cosa, inclusive ellos mismo la han vendido también, la quitan y después la venden; inclusive me ha pasado con funcionarios de alcaldías que me la han quitado y después la mandan a sacar del comando para irse a quemar, más que todo la pólvora china que es la que persiguen ellos, y ahí hay otra cosa, vea, ahora hay campañas grandes contra la pólvora y todo, pero en La Pailita* hay dos ventas grandes de pólvora, en Perla Roja* hay otra, y tienen ahí su exhibición de pólvora de luces, pólvora china, pero eso también quema, la misma cosa, y ahí por debajo de cuerda tienen la venta del  volador, de la recámara, la papeleta y todo; entonces si la de nosotros quema, esa no quema porque le dan plata al alcalde para que los deje vender de eso. Y esto se está llenando de esa pólvora, acá cada rato me llaman a ofrecerme.

E.H.L: ¿Qué piensa usted cuando se entera que hubo un quemado, un niño o cualquier persona?
D.J: Hombre eso es duro, uno se eriza y piensa que pudo ser un hijo de uno o un nieto. Eso es doloroso y más pensar que fue sólo un descuido. Uno se quema es por descuido. Tiene que estar uno muy de malas para que le caiga a uno un avión prendido encima, pero puede pasar. La pólvora no se prende sola, eso sí tiene la pólvora.

E.H.L: ¿Si se le presenta la oportunidad de dedicarse a otra cosa y dejar definitivamente la pólvora, lo haría?
D.J: Claro, lógico. Yo he tenido accidentes en esto, ninguno grave gracias a Dios, y sin embargo acá sigo, pero si se me presenta la oportunidad dejo esto.
 

Foto: Archivo

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