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Muchos quieren que callemos, y pregunto: ¿De qué nos sirve la voz, si dejamos que se quede prisionera en el silencio? (Jaime de J. Montoya García, Poeta granadino)
El viernes 2 de julio en la tarde, tras una mañana de penumbras, el sol arropó con fuerza las montañas del Oriente Antioqueño, pocas nubes se atrevieron en su trayectoria, pero en Granada sintió el deber de eclipsarse y ante la ausencia de nubarrones, fueron las viejas casas, las que aún quedan, y las nuevas, sus cómplices para ocultar su faz y permitir que la luz de la velas fuera visiblemente protagonista cuando asidas con fuerza por las manos de las víctimas, marchaba lentamente desde el parque hasta el “Salón del Nunca Más”, el que estaba de plácemes, de aniversario.
Un año después las lágrimas no cesan, las heridas no curan, el dolor aun taladra, pero en el “Salón del Nunca Más” las víctimas encuentran consuelo, es allí donde se rememora, se sana, se construye, se hace justicia, se dignifican familiares y amigos, muertos y desaparecidos.
Muertos y “Des-aparecidos - Mi hijo, mi hermano, mi hermana, mi hija, mi padre, mi nieto, mi cuñado, mi suegro, mi suegra, mi abuela, mi nieta, mi maestro, mi maestra, mis amigos, mi casa, mis conocidos, y mis enemigos, todos han des-aparecido y esto todo, no ha ocurrido en un cuento; desafortunadamente es cierto. Y toda una sociedad indiferente. Y tanto dolor amontonado, Aparece siempre y me sonríe, Todas las noches aparece, vive en mis sueños y en mis besos todos los días” (Jaime de J. Montoya García, Poeta granadino)
Este viernes era una gran conmemoración, allí deberían estar muchos que no estaban, las víctimas casi solas, sin acompañamiento de autoridades, apenas si la Policía Nacional despejaba el paso de la marcha, y era día de gran conmemoración, era el primer aniversario del “Salón del Nunca Más”, con misa y luego con acto lúdico, unas 300 víctimas del conflicto armado se reunieron para conmemorar la fecha, para compartir su dolor, el que otros no quieren escuchar, para sanarse mutuamente y para gritar con su marcha silenciosa, “Queremos verdad, justicia y reparación”.
La Asociación de Víctimas de Granada -Asovida, emprendió la tarea de recoger la memoria del conflicto como un acto de no olvido para que las generaciones futuras sepan, entiendan y comprendan, que por este lugar, un día, arrolladora pasó la guerra, llevando entre su fauces los sueños de la comarca.
Como lo describe Jaime Montoya en sus poemas, el “Salón del Nunca Más”, recoge rostros, manos, corazones y pedazos de la historia. Reconstruye pedazo a pedazo los ladrillos, rememora las horas y los días, levanta las mentes y al bajar de nuevo las cabezas, descubren que allí hubo otras calles, otros caminos, otras veredas, otros parques y otras almas que soñaron el vuelo de la libertad.
El "Salón del Nunca Más" es el espejo hacia el pasado, es un acto de reconciliación con la vida, un acto de contrición colectiva, es una acción de memoria, donde se reconocen rostros cuyas historias fueron cortadas por la violencia, es un homenaje colectivo a seres humanos que fueron segados a la comunidad. Es el lugar donde yacen los sueños inconclusos.

Inaugurado el viernes 3 de julio de 2009 es un museo para la recuperación de la memoria de las víctimas del conflicto armado en el municipio de Granada Antioquia, La iniciativa surgió del Comité de Reconciliación y la Asociación de Víctimas Unidas por la Vida -Asovida, con el acompañamiento, patrocinio y apoyo de varias ongs y organismos internacionales como el Programa de Las Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD.
La iniciativa se desarrolló con la asesoría y acompañamiento del Programa por la Paz -Cinep y la Personería Municipal de ese entonces, surgió como una propuesta para enseñarle a la comunidad el valor de la verdad y la memoria mediante la recolección de la historia del conflicto armado desde la voz de las víctimas quienes cuentan sus historias de violencia, de vida y de resistencia, en una actividad lúdica y cultural desde la cual se busca promover acciones de paz.
Desde allí también se brinda a las víctimas ayuda para la recuperación psicosocial y para el acceso a sus derechos, ha sido el espacio para la transformación de los hechos violentos en aprendizajes sociales para la convivencia. Aunque dentro del proceso hay víctimas que no quieren recordar, aquí encuentran la razón por la cual hay que hacerlo, porque recordar es lograr que no vuelva a ocurrir, porque recuperar la memoria histórica es un imperativo ético.
El Salón es un recorrido de memoria, aquí está el muro “Para que no me olvides”, también hay un “Mosaico de la memoria” en donde se encuentran los rostros y las historias truncadas de los habitantes asesinados, desaparecidos o heridos. El objetivo es mostrarle al mundo que las victimas ya no quieren seguir con la cabeza agachada y se siguen organizando para reclamar sus derechos.
Durante el primer año, el Salón se ha convertido en el lugar íntimo, sagrado y acogedor, donde a pesar del dolor la gente no lo quiere abandonar y siempre regresa porque aquí se encuentra con los suyos. Es un símbolo para mostrar a los adultos, pero sobre todo a niños y jóvenes, porqué no se debe regresar al conflicto armado, es un lugar para luchar contra la impunidad y los derechos de las víctimas. Es el lugar donde se comparte el dolor, porque cuando es compartido se hace más llevadero. Es el lugar donde las familias con su propia voz han podido contar su historia para que el mundo comprenda que sus muertos y desaparecidos tienen nombre y remolcaban sueños.
Es el refugio para las personas que perdieron seres queridos durante la guerra, es un lugar dinámico y en constante construcción a partir del trabajo de memoria, se ha convertido en el punto de partida para la reflexión, le ha servido a la academia como referente para comprender el conflicto.
En un año su impacto ha sido global, acogido por la Red Departamental de Museos, ha recibido visitas locales, regionales, nacionales y de países como Argentina, Brasil, Japón, Suiza, Perú, El Salvador, Chile, España, Costa Rica e Inglaterra; de instituciones, colonias, municipios, organizaciones de víctimas de otros municipios, medios de comunicación, agencias de las Naciones Unidas, Unión Europea. La experiencia se ha expuesto en otros municipios y departamentos, en universidades y ha participado en encuentros mundiales de memoria.
Para Gloria Ramírez, Presidenta de Asovida, “En un año se ha logrado la sensibilización a la comunidad, se ha entendido que la guerra no hace parte de nuestro municipio, que la comunidad se cansó de vivir la violencia, la gente está comprometida con el espacio, porque aquí tienen la posibilidad de dignificar a su ser querido. Seguimos recopilando la historia, esto nos ha servido para ver que la guerra fue absurda, que nos dejó mucho dolor y es algo que no queremos volver a vivir. La gente ha entendido la importancia de la memoria y que los seres queridos no mueren sino cuando se olivan”
El viernes 2 de julio de 2010, la marcha atravesó las calles granadinas, el pueblo en profundo silencio, las cantinas apagaron la música, una si apenas dejaba escapar canciones populares que muy al fondo interrumpían el silencio, los indiferentes se apostaban en los andenes, de pronto las casas rompieron su complicidad con el sol, entonces éste también se hizo presente, también rompió su indiferencia y cabalgó lentamente sobre el flanco de los marchantes, hasta el umbral del “Salón del nunca Más”.
Las víctimas llegaron ataviadas con dolores, angustias y recuerdos, las mujeres regaron bendiciones, los niños escribieron las bitácoras, como lo han hecho otros días del año, es la forma de relacionarse con sus seres queridos, con los que ya no están, o que nunca conocieron, con sus tíos, sus hermanos o sus padres.

Una mujer entra al salón, apresuradamente llega hasta el paredón donde montones de retratos dan cuenta de las víctimas, no puede contener su llanto, alarga su mano temblorosa para derramar bendiciones maternales, se santigua, es Barbara Otilia Herrera, mira hacia los lados y tras ser interrogada sobre cuál es su familiar, señala en el mural “Estos cuatro, primero me mataron mi yerno, este, se llamaba Godofredo Ceballos, después a los 10 años mataron a mi hijo Darío, después a los cinco meses me mataron mi esposo y otro hijo, eso sucedió la misma noche, son estos, mi esposo le llamaba Fabio de Jesús García Gómez y el hijo se llamaba Joanny de Jesús García, esa noche estábamos en la casa, él había llegado de trabajar un cultivito de frisoles y el hijo estaba en la casa con la señora, y a él se lo llevaron también. Yo no dormí nada, me pase tuitica esa noche espere y espere, entonces al otro día a las cinco y media de la mañana me madrugué a buscarlos cuando me dijo un vecino que por allí habían dos matados. Eso fue muy terrible, yo no sé cómo es que uno soporta tantas penas, pero el Salón nos ayuda mucho, también tenemos la “Marcha de la luz” los primeros viernes, otras veces salimos “Abriendo trochas” y con todo esto una se desahoga y ve que no es una solamente sino que hay muchas víctimas, aunque después llegó a la casa sola y siento mucho dolor viendo que hay tantas y tantas víctimas”.

Todos los nombres son importantes
Todos los nombres son importantes,
Cada lágrima tiene su propia historia,
Desde su interna ternura los ausentes
Nos hablan de la vida,
Sus ausencias definitivas nos besan la mejilla,
Y nos mandan un viento
cargado de esperanza…
¿Dejaremos la memoria prisionera en el silencio?
Muchos quieren que callemos.
Antes no podíamos gritar,
y ahora, no podemos callar.
Antes no podíamos gritar,
y ahora con tanto grito adentro,
revientan corazones adentro,
revientan adentro palomitas, y grillos,
las palomas vuelan,
los grillos alumbran, y gritan;
y con tanto dolor adentro,
tenemos permiso de llorar.
Muchos dicen que callemos,
pero con tanto dolor adentro,
con tantas palabras prisioneras,
hablaremos de primeras,
muchos piden que callemos,
el silencio tortura la memoria,
la memoria recupera miradas,
trae sonrisas, y abrazos, y alegrías,
hablaremos de primeras, amaremos de segundas,
besaremos de primeras,
el recuerdo nos abraza el pensamiento,
y ellos y ellas nos esperan en la puerta,
y toda la memoria en una cárcel.
Muchos quieren que callemos, y pregunto:
¿De qué nos sirve la voz,
si dejamos que se quede prisionera en el silencio?
Jaime de J. Montoya García
Granada Antioquia,
Marzo 21 de 2007
Vea tabién
Salón del Nunca Más “Un hecho dolorosamente hermoso para recordar los acontecimientos”
http://www.inforiente.info/ediciones/2010/enero/2010-01-04/16804-salon-del-nunca-mas-un-hecho-dolorosamente-hermoso-para-recordar-los-acontecimientos.html
Fotografías del primer aniversario del "Salón del Nunca Más"



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