Derechos Humanos

Marcha por la vida en Marinill

  A raíz de todos los hechos violentos que vienen ocurriendo en los últimos días en Marinilla, organizaciones sociales y población ...

Leer Más

La protección de los periodist

Especial referencia al caso Romeo Langlois. Mucho se ha hablado en los últimos días acerca de la situación del periodista francés &nbs...

Leer Más

Registro Único de Víctimas: un

  El Registro Único de Víctimas tiene en aprietos a las instituciones del Ministerio Público en Antioquia, porque diligenciar un solo ...

Leer Más

En Línea

Tenemos 1061 invitados conectado(s)

Bloguer

News image

Qué decir para salvar un bosqu

Con un apoyo social fuerte es posible frenar los proyectos depredado...

Sábado, 5 Mayo 2012

Leer Más
News image

La izquierda acepta o rechaza

Ambas posiciones la dejan frente a consecuencias duras y enormes res...

Sábado, 28 Abril 2012

Leer Más
News image

El discurso sindical debe cons

Los sindicalistas para sus luchas reivindicativas deben considerar l...

Sábado, 14 Abril 2012

Leer Más
News image

El Oriente Antioqueño construy

  El Oriente antioqueño construye autonomía territorial, como pr...

Domingo, 8 Abril 2012

Leer Más
News image

Los socialistas deben explicar

Cuando muchos en la izquierda se limitan a denunciar y actuar frente...

Sábado, 7 Abril 2012

Leer Más

Un día, de madrugada, aparecí  inicialmente a poquitos, a ver el mundo desde esta altura. Mi nacimiento, como el de los primeros dientes,  causó una seria rasquiña que hacía que mi pobre víctima tuviera que frotar su párpado, lo que lograban los microbios para hacerse de mi lado e  importunarlo aún más. Al ratico, debido a la hinchazón que le estaba produciendo mi llegada al mundo,   ya mi dueño miraba  como debajo de un barranco, porque había nacido yo: Orz, el Orzuelo.

Salió a la calle y comenzó a notar que en el transporte público lo miraban con curiosidad y disimuladamente se iban alejando y desviando  su cara, como si hubieran visto a Mandíbula  o a un leproso.

Llegó al trabajo, ya más en confianza, y la primera que “llevó del bulto” fue su hombría, pues burlonamente, sus amigos le dijeron:

 -¡Pero, qué mujer para pegarle duro! - -¡Y quien la ve tan mansita!- - ¿Y usted no se defendió?-

El, por disimular la charla les contestó:  -¿Y ustedes ya vieron cómo quedó ella?-

Comenzó la gente, con la mejor buena intención  y pesar  a sugerirle una cantidad de fórmulas, con las que, al fin de cuentas, mi pobre dueño entendió que sólo él desconocía el remedio contra mí, pues todos resultaron médicos gratuitos y poseedores de “el mejor remedio” para ese mal, que según parece, soy yo.

- Hágase unos pañitos de agua caliente, para que le madure- (¡como si ya no  estuviera rojo como un ají pajarito!).

-¿Ya se pasó por ese orzuelo  un huevo recién puesto por la gallina? -¡Eso es bendito!-.
-Y el frijolito caliente,  -¿ya probó con él para que lo queme?-
- Amárrese una cuerdita de lana negra en el dedo gordo del pie contrario al lado de donde le nació en orzuelo; eso, aunque no sepa uno cómo, es fijo que lo cura -
dijo otro.

- Vea hombre,  - escuchaba yo desde arriba-,  - coja un tomate y páselo por el orzuelo para que le recoja-. Yo no entendía qué era eso de “recoger un orzuelo”, pero  me reía de las cosas tan divertidas y calientes que le recomendaban para desterrarme; pero que ni creyeran que me iban a sacar “vantiao” con esas bobadas. Antes, con el calor más me le crecí, pa’ que viera (o mejor, para que no viera).

Como ya su aspecto físico le estaba causando como penita, el hombre buscó unas gafas oscuras  Ray Ban de $8.000 que había comprado hacía tiempo por allá en  la Costa.

Pues muy de mañana se las puso y como ni sol había a esa hora, la gente lo miraba con una sonrisita burlona, como diciéndole: -“Ay, qué calor; no siás pendejo, hombre, que no está haciendo sol”-. El, como por disculparse, lentamente se quitó las gafas y comenzó  a limpiarlas  con  una punta de la camisa. La gente, al verlo con un ojo como de sapo, alejó  la vista del hombre y yo, gozaba porque no sabía que tenía tanta fama de contagioso.

A mí se me oscureció el mundo detrás de esos lentes, pero más a él, que se estrellaba  contra los marcos de las puertas, se chocaba con la gente y andaba torpemente.
La gente miraba y seguía su marcha; De pronto encontró algunos amigos, a quienes no conoció debido a la penumbra en que lo habían dejado los años, el orzuelo y las gafas, y  le pareció que murmuraban unos a otros:
- Oíste, pues, ¿ése será que cree que queda muy pispo, o qué?-   -¡Qué oso!-
-Y mirá que ya ni saluda-   -¡Pendejo tan bobo!-
-Todavía que fueran legítimas, pero demás que las compró en el almacén “agáchese”-.
-¡Apenas fuera bueno decir en el pueblo lo “creído” que se está volviendo en la ciudad!-.


Yo gozo, mientras mi dueño sufre por la hinchazón que le produje. Algunos días yo amanecía con perecita de asomarme y él creía que los remedios sí le estaban sirviendo, lo que hacía que mi presencia se prolongara  allá, pues eso le daba razón para no ir al médico.

De pronto una amiga muy inteligente le dijo:

-¿Y usted no se ha puesto “Cariaña” en el ombligo?-
-¿En el ombligo? ¿Y eso qué tiene que ver con mi ojo?-
respondió mi víctima-
-¡Pues yo no sé, pero eso como que es la verraquera!-

Al fin, por primera vez mi dueño rió de buena gana, pues recordó cuando hace un tiempo se hizo famosa la costumbre de que para adelgazar, no era sino  ponerse un diente de ajo en el ombligo. ¡Lo divertido fue que la  señora de un amigo se puso uno, y algunas  veces, el dichoso ajo amanecía en el ombligo del marido!

Yo ya me acostumbré a las cosas calientes que me pone y a la aguapanela trasnochada para que pueda separar los párpados; pero lo que más me hizo carcajiar fue la fórmula infalible que le dieron: Muy seriamente, en la esquina de La Donald le explicaron algo, que  para practicarlo  necesitaba la agilidad de un malabarista de circo:

- Vea, hombre, para ese orzuelo, - o como se le diga a esa hinchazón-, lo mejor es lo siguiente: Úntese saliva en el dedo índice de la mano contraria al lado del orzuelo y por detrás de la cabeza, bajando el codo hacia el suelo,  logre frotarse la hinchazón varias veces. Debe pensar en botarlo. Esto lo debe hacer varias veces al día, hasta que “recoja”  y con una tuna de un rosal, lo chuza para que salga toda esa materia.-

 Quedaba el pobre como un “impedido” con la mano en la nuca andando por toda la Variante sobándome y haciéndome cosquillitas. ¡Qué risa!

Al ver que nada mejoraba, su mujer le insinuó un día.
-¿Y vos por qué no vas donde el médico, pues?-
-"Llamá pues y pedíme la cita”-
, le dijo ya aburrido, mi pobre enfermito.

Ahora la asustada fue su mujer, quien comenzó a comer uñas, pensando que por algo su maridito, que nunca iba al médico,  había aceptado ir a consulta; que eso era porque se sentía muy enfermo, tal vez con buenamoza, soriasis, cirrosis, hepatitis, rinitis o cáncer.
Fueron tantos sus nervios, que tuvo que pedir cita para ella también, pero para consultar al  siquiatra.

Y al llegar al galeno, este lo revisó y tuvo que tratarlo contra  mí y mandarle pomadas para  una descompostura que se pegó en el brazo del paleto u omóplato, cuando comenzó a mandarme salivazos por la espalda dizque para que me fuera.
 
El médico le preguntó: -¿A qué es alérgico usted?- 

Y sin pensarlo dos veces le contestó:  - ¡A las inyecciones!-

Eso fue  lo que estuvo evitando por tanto tiempo; el miedo a las inyecciones lo hacían posponer su visita al médico,  pero, no se pudo escapar de ellas.

Una noche, víctima de las drogas (que le embutió el médico), “me desaparecí”  de su cuerpo  convertido en “lagaña”,  pero contento de haber conocido y gozado de todas las cosas que la gente  tiene contra nosotros, los inocentes orzuelos, que les afeamos a veces el frente de ese edificio llamado cuerpo humano;  aunque no me fui del todo, porque en su mismo ojo, empezó a aparecer una ronchita rojita, que le titila, como si algo naciera en su párpado.

*Cariaña: Granadinismo por referirse una resina muy olorosa del Caraño; utilizada, tanto para los orzuelos, como para los “nacidos”  o forúnculos, a los cuales se aplica como emplasto durante un tiempo, en el que al fin, sale la “madre” y se sana, si está debuenas;  pero “se riega”  y renace en otras partes de la anatomía humana, si está demalas.

Medellín, 8 de mayo de 2010


 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

  • Especial
  • Video
  • CNC
News image

  

Desde el 2011 se adelantan las obras de canalización en la Quebrada La Marinilla que pretenden minimizar los riesgos de desbordamiento del Afluente, sin embargo, en este esfuerzo por prevenir desastres hay personas y sectores descontentos con las obras.

     
 

 

Ultimos Comentarios