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A Granada han retornado 10 mil desplazados que huyeron de la violencia y que prefirieron regresar a su pueblo que seguir padeciendo desprecio y pobreza en tierras ajenas.
Con muchas dificultades pero felices, tres granadinos narran lo que significó su regreso.
A Elkin Suárez, Javier López y María Estela Vergara la necesidad de sobrevivir y el llamado de la tierra, los puso en el camino de regreso al pueblo donde sus vidas corrieron peligro y perdieron a sus familiares y amigos entre las balas de la guerra de las Farc y las Auc. Los tres retornaron a Granada a pesar del miedo.
Llegaron sin nada en las manos, sin la seguridad de que las cosas habían cambiado pero con la certeza de que no volverán a salir de su pueblo.
"El marrano no pega en pueblo", dice Elkin, campesino de la vereda La Gaviota y quien luego de su destierro en 2002 cuando las Farc le dieron a él y a sus vecinos 15 días para abandonar sus fincas, probó suerte en Buenaventura y Cali, de donde además salió también desplazado cuando otro grupo armado asesinó a su hermano.
"Aquí nací, aquí me criaron, yo soy de monte", dice este padre de dos pequeños, quien regresó a su vereda a sacar su finca del rastrojo y a intentar que sus sembrados de caña, plátano, café, frijol y maíz, volvieran a ser lo que un día fueron.
Como Elkin, ya son diez mil granadinos los que han retornado a su municipio, sin saber qué tanto había cesado el conflicto. Muchos coinciden en que decidieron que de aguantar hambre en la soledad del destierro preferían aguantarlo en el pueblo que los vio nacer y junto a quienes, como ellos, tuvieron el valor de regresar luego del horror.
"Aquí la gente hace mucha falta, Granada está hermosa porque cuando yo me fui, la deje en ruinas", dice entre lágrimas Elkin, quien ahora recibe apoyo del Estado para reconstruir su vida en Granada.
Cansado de rodar
Javier López vivió en Medellín y Bogotá luego de que logró escapar de los paramilitares y la guerrilla.
"Yo me les volé a todos. Como tenía una tienda en la vereda, la guerrilla apuntándome con el fusil me obligaba a que les vendiera víveres y las autodefensas no me dejaban pisar el pueblo porque decían que auxiliaba a la guerrilla. Un día me cansé de eso y caminé con un amigo todo un día por trocha hasta que llegué a El Peñol y ahí comencé a rodar".
En una panadería, en un granero e instalando redes eléctricas, trabajó Javier, antes de tomar la decisión de retornar a Granada.
"La necesidad venció el miedo", dice este hombre que hoy maneja una de las fábricas más prósperas de su pueblo, Sueños en Granada, una fábrica de balones con la que 23 retornados le hacen el quite a la pobreza.
Javier, quien con sus empleados producen 400 balones diarios que distribuyen a todo el país, se llevó el pasado viernes la promesa del gobernador Luis Alfredo Ramos de hacerle el contacto con Indeportes para que le compren sus balones.
"Después de tantas cosas por las que uno ha pasado, ya no cree en nada hasta que no se haga realidad", dice Javier un poco escéptico, pero seguro que de concretarse el negocio sería un gran alivio para él y su gente.
"Esto aquí está muy bueno"
María Estela Vergara volvió a Granada sola con su hijo de siete años, porque los dos mayores no quisieron volver al pueblo donde perdieron a su padre.
Sin importarle la soledad, María Estela regresó y limpió su casa, forrada en rastrojo, que había dejado en 2003, en la vereda El Edén.
"Escuché a dos mujeres hablar en el pueblo que se habían llevado a alguien por la noche, ahí supe que era mi esposo, pues desde el sábado en la noche se había ido y ya era lunes y no regresaba".
Fue hasta el miércoles que María Estela confirmó la noticia, a su esposo lo habían encontrado muerto en el Alto del Palmar.
"Yo empecé a andar sin saber de qué vivir, estuve en Medellín, hasta que en 2004 decidí regresar. Me acuerdo que lloraba jornadas enteras mientras sembraba fríjol y maíz en mi finca. Me tocó sola empezar otra vez".
Sin su esposo ni sus dos hijos mayores, María Estela levantó su finca, con la ayuda de la Corporación Granada Siempre Nuestra, fundada por las colonias granadinas que viven fuera del municipio y del país y apoyan con recursos proyectos productivos, educación y asistencia humanitaria para los retornados en Granada.
Hoy este municipio y todo el Oriente antioqueño es ejemplo para el país en el tema del retorno. Cada día llegan más familias a las veredas que por años estuvieron desocupadas. En 2008 regresaron 32 familias, para 2009 lo hicieron 57 más y en lo que va de 2010 han retornado 56 familias.
"En 2004 comenzó el retorno gota a gota", dice Claudia Milena Giraldo, gestora comunitaria que trabaja en un proyecto de Acnur, el Dapard y la OIM.
Regresar a su tierra es el anhelo de la mayoría de quienes se han ido huyéndole a la guerra, pero el deseo de volver a veces no es suficiente.
Casas abandonadas y destruidas por los grupos armados... y los años, pocas oportunidades de empleo y la tristeza por los amigos que perdieron, dificultan el retorno. Por eso aunque con fe en que su pueblo no volverá a sufrir lo que vivió en el pasado, los retornados no se cansan de pedir ayuda al Estado para poder recuperar su dignidad.
Programa Retornar es vivir
Retornar es Vivir es un programa de Acción Social, a través del cual el Gobierno buscará que miles de desplazados regresen a 206 poblaciones que abandonaron por causa de la violencia.
Estos sitios están localizados en 28 municipios de seis departamentos del país y los colombianos que tuvieron que salir de ellos, ya manifestaron su voluntad de regresar.
El programa no solo trabajará en el restablecimiento de las condiciones de seguridad para que las familias regresen a sus hogares, sino que será una herramienta para restablecerles todos sus derechos constitucionales.