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CERCA DE 250 niños y jóvenes de zona rural de El Retiro hacen parte del programa Tejiendo Sueños. Elaboran mochilas que luego venden para un fondo que, en el futuro, les ayudará a pagar la U.
 
Ellos son alegres como el amarillo, blancos como sus risas y llenos de energía como el fucsia. Están rodeados por el verde y en las mejillas de muchos se observa el rojo.

En ellos hay café como el de la piel de Natalia y los ojos de largas pestañas de casi todos. Hay dorado en el pelo de Juan Manuel y azul en el uniforme que visten.

Son coloridos como los hilos que enrollan hasta dejarlos listos en madejas. En el segundo piso del Centro Educativo Rural Carrizales, en El Retiro, reina un tranquilo silencio, que solo se rompe para preguntar si la puntada está correcta.

Pero no están callados porque los hayan regañado o pedido que estuvieran juiciosos, es que se concentran y se meten en ese mundo de tonalidades y diseños, de puntos y cadenetas.

Las agujas se mueven a tanta velocidad que impresiona, y sus bocas toman diferentes formas, porque mientras estiran los hilos para que queden templados, se muerden los labios y hacen muecas.

Margarita Rosa Carder, licenciada en artes, posa sus manos encima de las de los principantes para ayudarles con lo básico. Parece que los abrazara y ese cariño que les manda les inyecta más revoluciones. Entonces, vuelven a arrancar más rápido.

Algunos comenzaron con ella desde hace tres o cuatro años. Preocupada porque muchos niños y adolescentes en las veredas no tenían en qué ocupar su tiempo libre, decidió enseñarles lo que sabía del tejido, convencida de las bondades de la actividad.

Pero cada vez quisieron entrar más que, incluso, llegaban a ella con palitos de colombina para que les enredara madejas.

Hoy son alrededor de 250 los que hacen parte del proyecto Tejiendo Sueños, de la Corporación Laboratorio del Espíritu, de ellos 100 avanzados. Inician desde segundo o tercero primaria y egresados de las escuelas, que ya están en bachillerato, siguen vinculados.

Pero el tejido no solo es un motivo para encontrarse y calmar la mente, es una forma de reunir dinero, y lo que hacen con esos recursos es, precisamente, pensar en sus sueños: estudiar y viajar.

Una "contabilista"
John Edison Rojas cursa séptimo en la Institución Las Palmas, pero todavía acude los martes a la cita en Carrizales con Margarita.

La mochila que elabora es redonda, un estilo para los de más experiencia. Crudo, rojo y café son los colores que eligió para ese bolso que está por terminar.

Al principio fue difícil porque es zurdo y para la misma Margarita fue un desafío enseñarle porque ella trabaja con la derecha. Pero él fue practicando hasta que logró dominar las puntadas.

"Tejer es todo un aprendizaje y un camino para llevar una buena vida", dice serio, sin alzar la mirada, clavado en esas trenzas que une tupidamente.

Los alumnos de cuarto y quinto también están en la sesión de esa mañana. Esta vez no hay música, pero usualmente, esa profe de los hilos, les pone algunas notas clásicas mientras les cuenta qué es lo que escuchan. A veces, les lee historias.

Tienen varios motivos para ansiar esa visita. Tejer, cuentan, les refresca la memoria, les relaja la mente, les mata la pereza y sienten que se van los pensamientos negativos y los problemas.

"¡Ah! y se nos quita la rabia y no hay peleas", agrega Natalia Muelas, la de la piel canela y los comentarios que hacen reír a todos.

Aclaran que antes de arrancar con Tejiendo Sueños ya sabían hacer cadenetas, pero ahora conocen bien todos los pasos.

El primero, envolver el hilo; y, luego, hacer bien el punto "porque si usted se come uno se le daña, se le enchiquitece el bolso o se le deforma", narra Natalia.

Comienzan con una mochila cuadrada y cuando está más dominado el cuento, pasan a la redonda. Los colores los elige cada uno, igual el diseño. "Una de las que hizo un compañero, la compró la esposa del Presidente", comenta orgulloso Cristian.

La profe Marta Elena Pérez, de Carrizales, les tiene una cuenta en la que van guardando lo que queda de las ventas y llevan un libro con todos los movimientos.

"Se fortalece en ellos la cultura del ahorro y ese pensar en un proyecto de vida".

Quieren entrar a la universidad, algunos no saben explicar bien los motivos, pero sí tienen claro que quieren llegar lejos. Entonces inician con una retahíla de profesiones que desean seguir: profesoras, sicólogas, azafatas, modelos, bomberos, pilotos, empresarias y hasta grandes "contabilistas".

Natalia quiere seguir el camino de las artesanías y dirigir su propia empresa. "Para eso hay que ir tejiendo bien y seguidito, vender más y recoger bastante".

Si tienen una necesidad inmediata, complementa Margarita, utilizan parte del dinero, pero siempre ahorran un porcentaje.

Los adolescentes, como descubrieron el mar gracias a otro programa de la Corporación Laboratorio del Espíritu, Conocer a Colombia para amarla, lo que quieren es recoger para regresar.

Buen precio
Tejen los martes con Margarita, pero también en los recreos, en los cambios de clase, en el almuerzo, en la casa por la tarde y siempre que tienen un tiempo.

Es una fiebre de hilos y agujas. Su trabajo ya lo expusieron en la feria Expotejidos que se realizó hace unos días en Medellín, y muchos quedaron impactados con la calidad de su producto, pero, sobre todo, por el proyecto y con los motivos que los mueven. Igual porque muchos son hombres.

Los zurdos John Edison y Jeferson García, son enfáticos y afirman que no tiene nada de raro, "es algo para niñas y para varones".

El rápido John Edison ya perdió hasta la cuenta de los bolsos que ha elaborado. "Una manada llevo, tal vez unos 10 este año". Y está por terminar uno más, porque solo le falta la cargadera.

"Pero no se corona, hasta que no se vende", añade.

La Corporación y la misma Margarita se mueven para hacer contactos y lograr una mayor comercialización, para que los niños puedan alcanzar sus metas.

Angie Alexa Uribe teje el de menor tamaño. Tiene los colores de la bandera de Colombia y la puntada es más pequeña y tupida, por eso le ha llevado más tiempo terminarlo. "Me dicen que lo venda en 40.000, otros que en 30.000, pero yo creo que en 20 mejor".

Pero John, con más experiencia, le dice que bien vale los 40 por el gran esfuerzo.

Natalia ya tiene encargado el de ella. Pero sí piensa cobrar 50.000, a pesar de que los otros tratan de persuadirla. "Bueno, de pronto lo rebajo pues".

En las bases de las mochilas se ven unas rayitas coloridas, son las guías para saber cuántas vueltas le han dado. Y los hilos los meten adentro para que no se ensucien.

Como tienen frío, se van con sus madejas para el patio, al lado de la Virgen. Ahí sí, inician el "punto, cadeneta y chisme". Tienen unas novelas que contarse y deben desatrasarse de las novedades de la vereda.

Hablan, pero las agujas no paran. Los dedos se mueven para arriba y para abajo y las bocas se fruncen otra vez.

Hacen puntadas tupidas, porque no quieren que las mochilas se les "enchiquitescan", no darían la talla para alcanzar esos sueños que tejen en trenzas amarillas, azules, rojas y verdes.

» Contexto

1. Otra ventaja del tejido, manifiesta Margarita, es que se mejora la relación entre compañeros de clase, porque empiezan a colaborarse.

2. La profesora Marta Elena Pérez, de Carrizales, da fe de los logros con el programa. Cree que son más productivos, creativos y pacíficos.

3. El precio de los bolsos puede ir desde 10 mil pesos hasta 45 mil. Depende del tamaño y del grado de complejidad que lleve su elaboración.

4. Los interesados en conocer más de la Corporación o en adquirir mochilas pueden escribir a Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla o llamar al 5410308.

El Colombiano.com

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