Sábado, 11 de Abril de 2009 05:19
FIELES A LA tradición penitencial española, en el municipio de El Retiro, los salleros se encargan de llevar en hombros cada una de las representaciones de la Pasión de Jesús. Un compromiso en el que por tradición se involucran muchas familias del pueblo.
Cansada de ver las procesiones por televisión, Olga López y su familia decidieron viajar a El Retiro, el municipio del oriente antioqueño, en el que según dice, se vive con devoción la Semana Santa.
Entre las callejuelas del pueblo, enclavado en las montañas, va al paso una caravana con representaciones de la Pasión de Jesús, que hacen paradas en cada una de las estaciones.
Las figuras están al cuidado de diversas familias, quienes se encargan de vestir los santos y decorar con flores la escena bíblica.
Pero, quizás, lo más representativo de este rito sean los salleros, que van a la usanza de la tradición penitencial española, dice el padre Elkin Álvarez, quien apoya la celebración junto con Monseñor Gilberto Muñoz Ospina.
Los salleros visten una túnica morada y sobre su cabeza una capucha, que solo les deja ver los ojos. "Es un compromiso que da mucha satisfacción", dice Rodrigo Escobar, un albañil que no falta a la cita anual.
En general, ser carguero es un honor y una tradición que se sigue por décadas. Tal como confirma Edison Villegas, quien ejerce este oficio desde los 15 años. Para él, así como para su familia, este es un compromiso ineludible.
En casi tres horas de recorrido, en bajada o subida, por las calles del pueblo; o en las paradas en las estaciones que se sitúan en las callejuelas estrechas, Edison reza por la paz y la unión, mientras lleva en andas las imágenes religiosas que se caracterizan por ser muy realistas.
Las imágenes son muy antiguas, relata Margarita Mejía Vallejo, quien hace parte de una familia que cuida con veneración la figura de la Virgen de los Dolores.
Su salida es una de las más esperadas. Aunque en casa guarda un manto hecho en oro blanco, va vestida con su traje de gala negro, y en su cabeza, porta una corona de plata.
Margarita dice que todas estas imágenes son quiteñas, en su mayoría; y otras vienen de Francia o Barcelona, así como de Envigado, de la escuela de Álvaro Carvajal.
Al lado de la de los Dolores, los fieles esperan que llegue la procesión, mientras en los balcones aprovechan una mejor panorámica. El aviso de que ya arriban llega con 6 niños que portan cirios, la cruz e incienso. "Esta es la procesión más linda por las estatuas", dice Pablo Salazar, de 12 años.
Las que desfilan no solo el Jueves Santo sino que se preparan también para el domingo cuando evocan la Resurrección del Señor.
"Son hermosas", exclama Olga cuando pasan a su lado. Y acompañada de muchos habitantes del pueblo y visitantes, como ella, se deja contagiar de devoción y fe. Para eso buscó verlo en vivo y no en televisión.
Natalia Estefanía Botero - Periódico El Colombiano
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