Miércoles, 17 de Febrero de 2010 22:27
Desde el mes de octubre de 2009 un grupo de profesionales, integrado especialmente por sicólogos, viene reuniéndose periódicamente en las instalaciones del Museo Histórico de El Peñol, para analizar muy de cerca la realidad de la sicología rural en esta localidad. El presente artículo se constituye en un breve resumen de algunas de las conclusiones al respecto,
de una de estas charlas, elaborado por el profesor Gilberto Valencia Alzate.
Quienes integran el conglomerado rural son expectantes frente a la presencia de foráneos. Se interrogan por la razón de su presencia y la hipotética o real vinculación a la problemática que los aqueja. El habitante de nuestras áreas rurales es demasiado susceptible al promotor de desarrollo y es muy caviloso frente a las propuestas de variación de su “modus vivendi”. En su vocabulario concreto se vislumbra un estado anímico complejo e impactado de vivencias crueles por su diario subsistir, a veces limitado a satisfacer sus necesidades básicas de salud, alimentación, hogar y conocimientos elementales.
La salud física, mental y social de la mayoría de nuestra población rural, está salpicada por excesos de preocupación por su vida familiar y su entorno comunitario. En sus miradas se lee el estado de su alma y se aprecian sus angustias, que llevan al análisis de sus gestos para vislumbrar, a veces, una tragedia existencial disfrazada de una aparente felicidad con el siguiente cuadro de vivencias:
· Tragedia familiar por el excesivo número de personas a cargo.
· Tragedia educativa por la deserción y el ausentismo escolar.
· Angustia social por el incumplimiento forzado de los reglamentos escolares para matrículas, uniformes y demás.
· Atiborramiento por la pérdida de privacidad.
· Promiscuidad por reducción de espacios vitales.
· Víctimas de desastres naturales tales como plagas e inviernos.
· Inseguridad y temores por cuestiones de orden público.
· Engaños en la venta y comercialización de sus productos.
· Diferencias entre los vecinos por problemas de convivencia.
· Distanciamiento de la escuela.
· Tragedias emocionales y sentimentales.
· Encubrimiento de crímenes y robos por temor a su seguridad personal.
· Injusticias laborales y remuneraciones injustas.
· Otras.
La dureza del trabajo cotidiano, incluso con el sol a las espaldas, ha formado un campesino férreo y aguerrido; desconfiado y astuto para no tragar entero en los cambios de su modo de vivir. Supervivir, luchar, avanzar, no sucumbir y resistirse a morir, parece ser el lema de nuestros campesinos.
De este panorama han surgido duras consecuencias, como el temprano abandono del hogar por parte de los adolescentes, quienes no vislumbran futuro con este incierto panorama. Adolescentes reprimidas buscan escapar hacia una libertad que se vuelve aventura en las selvas de cemento de las ciudades, que es lo que les ofrecen como espejismos los medios de comunicación.
Esta realidad, debe llevarnos a pensar en la necesidad de hacer una extensión rural con una gran sensibilidad social y con sentido humanitario excepcional, para proveer soluciones que también sean sentidas por estos hombres y mujeres que siempre buscan alcanzar sus metas personales.
La educación debe convertirse en el centro social por excelencia que construya puentes para la relación entre ésta y los hogares. Las actividades escolares deben relacionarse con el entorno y el hogar. Los estudios sociales deben comulgar con las tradiciones y las costumbres. Hay que aprender también la historia de la vereda y el municipio donde se vive.
Todavía existe mucho trabajo pendiente para hacer un buen aporte en bien de la sicología rural. Mediante los servicios de la Emisora Fénix de Oriente, se convoca con frecuencia a todas las personas que quieran asistir a estas charlas, que tienen por finalidad perfilar proyectos en bien de quienes integran las comunidades rurales de El Peñol, de tal forma que de manera cierta puedan elevar su nivel de vida personal y familiar.
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