Lunes, 11 de Julio de 2011 14:40
Escrito por Guillermo Zuluaga Ceballos

Cuentan que Marcel Proust luego de largas jornadas escribiendo, salía a dar una vuelta afuera de su casa sin importarle la hora ni las condiciones atmosféricas. Su criada, extrañada por el comportamiento de su jefe, le preguntaba la razón de sus salidas y él argumentaba que no tenía imaginación.
El escritor no redundaba demasiado en detalles con su fiel mucama, pero en el fondo, sentía que necesitaba airearse, descubrir nuevas posibilidades para seguir en su labor creadora.
La anécdota –que no por anécdota deja de ser profunda- coincide con una idea que últimamente, como sanvicentino, se me ha fijado en la cabeza: quienes conducen los destinos de San Vicente necesitan, como Proust, salir un rato a tomar nuevos aires.
La mayoría de empleados sanvicentinos llevan años, lustros y hasta décadas conduciendo proyectos y programas relacionados con el Municipio. Desde hace tiempos devengan contratos o sueldos, privilegios acorde con la capacidad municipalista. Por años, eso privilegios los han ido alejando de la gente, los han ido amodorrando, y aferrando cada vez más a sus puestos de trabajo, los cuales han convertido en pequeñas parcelas, cuarteles que defienden como fieras en celo ante cualquiera que ose acercarse a ellos. Cuando muchos “extraños“ llegan con propuestas novedosas, salidas del libreto, los despiden sin darles mucha importancia y con una salida decorosa pero desalentadora: casi siempre la disculpa es que no hay dinero.
Puede que sea cierto, pero ese no es el tema. El asunto de fondo que quiero plantear como mero ejercicio de reflexión es que el tiempo que llevan en sus puestos devengando o disfrutando de unos privilegios no es equivalente con el número de iniciativas creativas y audaces a favor de la mayoría de la población propia o flotante del municipio.
Ahora, cuando se acerca una contienda democrática, en la que de nuevo los sanvicentinos tomaremos una decisión frente a nuestros años próximos, valdría la pena que los candidatos pensaran en el tema. No es que proponga desde la calidez de mi oficina una “masacre laboral” y que despidan a todos los funcionarios, pero sí valdría la pena pensar en refrescar un poco el personal directivo y operativo de la Administración Municipal. El futuro de San Vicente requiere que los funcionarios que llevan mucho tiempo en sus cargos salgan, se oreen. Se renueven ellos. Que miren al Municipio desde afuera. Esto les brindará nuevas perspectivas. Comenzarán a ver el Municipio de una forma diferente, máxime cuando San Vicente no es ni puede ser una isla en estos tiempos de Globalización. San Vicente hace parte de un entramado regional y mundial que a muchos en pleno siglo XXI aún parece no importarles.
A cambio, podrían llegar, mediante alianzas con Universidades, por pasantías o por contratos laborales estudiantes universitarios sanvicentinos. Ellos también podrían brindar nuevos aires y bríos. Esa fogosidad propia de la juventud y de los ambientes académicos hay que aprovecharla. Como también el aporte de los profesionales que abundan por miles afuera del Municipio brindando su talento y desempeño a empresas e instituciones foráneas: qué bueno que los tuvieran en cuenta. Que se vincularan al Municipio pero apoyados de veras; o al menos invitarlos a compartir propuestas para los programas de Gobierno que por estos días se confeccionan.
San Vicente requiere nuevos aires en temas tan sensibles como el Agro: hace mucho la diversificación de cultivos es latente: el uso del suelo no está reservado a un único producto y se requiere de gente idónea y que proponga además salidas a la comercialización. Otro tanto ocurre con el Deporte y la Cultura: que no pueden seguir siendo vistos únicamente como actividad deportiva o actividad cultural, sino como parte de un proceso Formación Integral de los sanvicentinos (tema muy profundo que necesita por lo menos cinco o seis escritos más).
Insisto, el quid de este escrito, como se ve, no es echar gente de sus puestos porque ya cumplieron un ciclo. No. Propongo es que surjan nuevos aires que refresquen esa parsimonia sanvicentina. Por ejemplo, una salida creativa sería la rotación de puestos de trabajo; enviar un par de meses a los funcionarios a otros lugares a capacitarse, a vivir por un tiempo. Darle licencias remuneradas o no remuneradas a los funcionarios. Enviarlos a que miren otras propuestas, que comparen, que copien, porque San Vicente no se termina en los linderos que nos marcan los mapas. Ni mucho menos en los mapas mentales que con el tiempo muchos le han ido construyendo.
Por: Guillermo Zuluaga Ceballos
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