Martes, 26 de Abril de 2011 08:54
Escrito por Guillermo Zuluaga Ceballos

Esta Semana Santa en San Vicente fue diferente a muchas.
Inicialmente, la Semana Mayor que era una jornada de tiempo que pese a su carácter místico se prestaba para el reencuentro y la alegría, se convirtió en este 2011, en una verdadera sumatoria de tristezas y de lamentaciones.
San Vicente no podía ser ajeno a la temporada de lluvias que azota inclemente a nuestro territorio, en especial a la zona andina. Cayó agua sobre el pueblo como si estuviéramos pagando la mayor de las culpas. Habrá quien diga y más en estos santos días, que el Señor sabe hacer sus cosas, pero creo que se le está yendo la manito. Claro que de esos argumentos me sustraigo, porque echarle la culpa a Dios y no mirar los desastres que los hombres hemos cometido contra Natura, será una posición facilista.
Pues bien que San Vicente estuvo semiaislado del resto de la región debido a un alud de lodo que sepultó una parte de la mal llamada autopista, en el sector de la Herradura. Con profunda tristeza presencié cómo hasta a una mujer que recién salía de una clínica y con sus heridas aún frescas tuvieron que echarla entre una toalla un par de forzudos hombres por un camino inclemente. Presenciando el hecho parecía que nos devolviéramos 400 años atrás cuando el transporte se hacía al lomo de las bestias caballares –y de las bestias humanas como nos creían nuestros conquistadores-.
Debido a esa falla mucha gente no llegó al municipio: transportadores y comerciantes harán sus tristes balances de estos días.
Por poco y hasta sin la Escuela de San Isidro, recién restaurada, nos quedamos.
Además, en San Vicente en estos días la gente anduvo inquieta. La inclemencia del clima se suma a una impotencia frente al manejo municipal. San Vicente –lo escuché unas cuatro o cinco veces- va de para atrás. Eso dicen. Aunque muchos que lo hacen no pongan la cara. El ejemplo para no ir muy lejos es que la Semana Santa en Vivo que se tornaba en un atractivo para propios y visitantes no se hizo. Las razones seguramente las haya, pero es lamentable que asuntos que se tornan parte interesante de la cotidianidad del municipio se vayan dejando de realizar. Por caprichos personales, dicen. Sumémosle al asunto religioso la falta de apoyo popular que tiene el poder ejecutivo municipalista. En San Vicente llueve por litros. Y llueven rayos y centellas frente a unos Poderes que parecen agotarse en sus medianías.
Pero en contraste, mientras muchos lloraban y no sólo por imitar a las Verónicas de Sábado Santo, un grupo de chicos universitarios y la Directora de la Biblioteca Municipal organizaron una jornada para conmemorar el Día del Idioma. Fue muy interesante ver un auditorio de unas 70 personas, un día frío y día sábado y día santo, asistir al evento académico. Para quien esto escribe, fue muy halagador ver la convocatoria de los organizadores, máxime cuando el 90 por ciento de los asistentes no llegaba a los 20 años. Fue satisfactorio compartir con los muchachos – y en eso coincidimos el Poeta Víctor Franco y el ingeniero investigador Oscar Quintero, quienes estuvimos en tarima-, pero mejor aún fue ver que el público -o sea los jóvenes- comienzan a inquietarse por los temas de su terruño. De sus inquietudes, para no cansar valga decir que se habló de pobreza mental pero también se preguntaron por salidas a futuro. Qué bueno ver a los muchachos ocupados en pensar a su San Vicente. Como otrora lo hiciera VAJURE, movimiento por el que ellos preguntaron. San Vicente necesita otro VAJURE en este inicio de siglo XXI, quedó en el ambiente.
Al caer la tarde, otro grupo de amigos dejó las lamentaciones y se reunió en un salón del Palacio Municipal. No era para quejarse, afortunadamente. Un grupo de entusiastas por el mundo de los caballos se reunía –como lo venía haciendo desde hace tres meses- para ultimar detalles de una Exposición Equina que tendrá lugar en nuestro Municipio. Comandados por Dalila Pérez, natural de Entrerríos pero que lucha por San Vicente como una raizal más, estos amigos –y que son varios y por eso, para no ir a nonear no los menciono- le quieren sumar a su afición un poco de altruismo: ayudar a nuestros paisanos discapacitados. Qué bueno es ver cuando se trabaja pensando en un interés común como éste. La gente tendrá una bonita excusa para llegar al Municipio este fin de semana próximo. Ojalá el clima se compadezca como ellos, de nuestros discapacitados.
Ese es el pueblito. O ese es el que vi y les cuento de este fin de semana: San Vicente se bambolea entre la impotencia y la esperanza. Ojalá el Futuro sea generoso a la hora de mover la balanza.
Por. Guillermo Zuluaga Ceballos
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