Martes, 05 de Abril de 2011 18:22

En los meses de septiembre y octubre, la prensa abundó en noticias acerca de los mineros chilenos. Gracias a los medios conocimos sus asuntos más íntimos, que en otra situación quizá no hubieran tenido la menor importancia. Pero las tragedias venden mucho en los medios y de eso pudimos darnos cuenta a lo largo de estos días en que los mineros ya parecían parte de nuestra cotidianidad.
Pero el tema de la minería no ha sido notica únicamente por las tragedias en la nación hermana. También, y con gran despliegue en días recientes la prensa habló sobre la minería en Antioquia. El principal medio impreso del país, en el mes de septiembre, a grandes caracteres, dio a conocer nuestra realidad minera en Antioquia, y fiel a la costumbre de exaltar cualquier asunto que tenga que ver con nuestra región, faltó poco para que nos declararan el paraíso minero de Colombia.
Y como para recabar en el asunto, la prensa con cierto tufillo oficialista señalaba:
‘"Hemos dado pleno cumplimiento a la delegación del Ministerio de Minas y Energía para realizar un trabajo eficiente en titulación y vigilancia de la minería en el departamento", sostuvo el gobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos’.
Pero, excavando en el tema de la minería se descubren otras vetas interesantes. En el Ciclo Orlando Fals Borda – VII Versión ¿200 años de independencia? Otra mirada, la Red Colombiana de Acción Contra la Gran Minería Multinacional, RECLAME el jueves 21 de octubre, se mostró que no todo lo que brilla es oro. La minería en Antioquia que tanta lumbre nos diera a lo largo de la historia, hoy no es ni un destello de lo que fue en algún época.
Una de las razones señaladas es que las empresas mineras ya ni siquiera son colombianas. Hacen parte de conglomerados multinacionales atados al asunto del capital financiero, con lo que además del saqueo de nuestros recursos se especula financieramente con las ganancias que genera. Esa gran concentración de riquezas conducirá seguramente a mayor sometimiento del Estado que se limitará a atender sus peticiones.
Pero además de las implicaciones económicas señaladas durante aquel evento académico, el tema de la explotación minera en Antioquia tiene otros factores que para nada podemos dejar para sepultarlo en los socavones de la desmemoria ni sepultarlos bajo la tierra del olvido.
Los medios de comunicación durante los días de la tragedia en el desierto de Atacama, se dedicaron a hacer lo que proponían los grandes medios internacionales. Sin embargo, debieron o debimos haber aprovechado “ese momento de efervescencia y calor” para darle una mirada a las condiciones en que viven nuestros mineros.
Los colombianos, tan dados a copiar el ejemplo chileno, deberíamos en esta oportunidad más que nunca seguir el ejemplo de los australes, aprender de sus aciertos.
En un interesante artículo, en el portal Semana.com, el periodista Juan Diego Restrepo se preguntaba ¿quién sabe algo de los 74 mineros muertos en Amagá? Y a renglón seguido, hizo hincapié en la forma tan lamentable en que nuestros mineros realizan éste, uno de los oficios más riesgosos del mundo, y destierra antecedentes funestos de esta tragedia:
“No es la primera vez que la mina San Fernando afronta accidentes de esa naturaleza. Pasará a la historia por las tragedias que han ocurrido en sus socavones. La primera de ellas ocurrió el 14 de junio de 1977, en esa triste ocasión fallecieron 86 personas. Desde año y hasta hoy han perdido la vida más de 180 personas. Una cifra considerable si se tiene en cuenta que es una empresa privada".
Nuestros mineros, con su esfuerzo y su valentía (ellos le llamarán necesidad de supervivencia) son lo que ayudan a aceitar ese engranaje económico que gira en torno a la minería. Sin embargo, su labor tienen que desempeñarla siempre soportando altas temperaturas y con el riesgo inminente de la acumulación de gases.
Y entonces cabría preguntarnos a quiénes favorece la extracción de minerales de nuestro subsuelo. Se llevan nuestros recursos y nos quedan los socavones, los mineros muertos, la tierra envenenada, estéril y revuelta. Las riquezas las que no se llevan se quedan transformadas en unas cuantas monedas en sitios licenciosos de las zonas mineras. La minería sólo favorece a quienes invierten grandes sumas. Bastará decir que las zonas del occidente antioqueño, la cuenca del Sinifaná y el Bajo cauca antioqueño, son las que registran los mayores índices de pobreza del departamento. En el viejo conflicto entre la Frontino Gold Maines y los trabajadores, como siempre los dueños de capital salieron de nuevo victoriosos.
Una miradita aguzada nos permitiría establecer la estrecha relación que hay entre las inundaciones y crecidas de los Cauca y El Bagre, a cada año. La cantidad de sedimentos dragados y echados a estos afluentes en la extracción del oro aguas arriba hacen que estos ríos se salgan de madre a cada nueva temporada invernal.
A la fuga de capitales hacia el exterior, a las precarias condiciones en que trabajan nuestros mineros, habría que sumarle el componente ambiental. Las multinacionales, vienen, extraen sus recursos, nuestros recursos y nos dejan solo desastres ecológicos y riesgos de futuras tragedias.
Nuestro departamento pues, como señala la prensa, es protagonista de las estadísticas de la minería colombiana. Pero las estadísticas, y aquí que somos tan dados a mostrarnos como pioneros, debería señalarnos, desde una legislación que priorice el tema del cuidado del medio ambiente y las garantías laborales, como el primer departamento donde nos preocupamos verdaderamente porque la minería no sea la riqueza de unos pocos, a costas de la pobreza, la salud y la destrucción de un ambiente de muchos.
Publicado Originalmente como Editorial por el periódico Contexto, de la Universidad Pontificia Bolivariana, edición 26
Por Guillermo Zuluaga Ceballos
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