Lunes, 14 de Noviembre de 2011 08:43
Escrito por Jorge Mejía Martínez
La meta de los próximos gobiernos de Aníbal y Fajardo es la de terminar sus períodos de mandato en 2015 con un aporte significativo en la lucha por la equidad, para que Colombia deje de ser el tercer país con más desigualdad en el mundo. Una realidad no sólo vergonzosa, sino explicativa de la violencia y perturbación social que nos rodean. El nuevo mapa político post electoral con Aníbal y Fajardo, será tema para otra ocasión.
Esta es la hora en que el candidato perdedor, Luis Pérez, no ha reconocido la victoria de Aníbal Gaviria. El resultado final, luego de los escrutinios, fue contundente: más de 17.000 votos de diferencia. Sin embargo, el 74% de la población de Medellín se siente satisfecho con la elección del candidato liberal. Hay optimismo.
La campaña electoral que terminó el 30 de octubre por la alcaldía de la capital de Antioquia fue la más virulenta que se recuerde en la ciudad. Se sintió el rigor de la guerra sucia: manipulación de encuestas, compra de paquetes de seguidores en el exterior de las redes sociales, engaño con las cifras de firmas recolectadas para la inscripción ante la Registraduría, panfletos difamatorios repartidos casa a casa y llamadas telefónicas a media noche para enemistar contra el aspirante Aníbal. La presencia de JJ Rendón, como asesor de Luis Pérez, se sintió en la campaña con prácticas consecuentes con su declaración de que la ética es solo para los filósofos. Promotor del todo vale y el fin justifica los medios. De su parte, no hubo escrúpulos para enlodar el debate político.
Pero lo más grave que ocurrió en medio de la campaña fue el descubrimiento de fuertes vínculos del hoy candidato perdedor con sectores delincuenciales de la ciudad. Desde las cárceles proliferaron las declaraciones extemporáneas e interesadas de ex paramilitares para favorecer la aspiración de Luis Pérez, en algunos barrios y comunas fue imposible hacer proselitismo porque las bandas y los combos impedían la presencia de los voceros de candidaturas distintas a las del ex alcalde Pérez, de igual manera, el vandalismo contra la publicidad de Aníbal y sus amigos aspirantes al concejo, fue pan de cada día.
Pero bueno, el veredicto popular ya se dio y solo resta doblar la página de la guerra sucia que dejó como resultado no solo la derrota de quien la ejerció, sino también la del asesor venezolano que terminó pelando el cobre: cuando su asesorado pierde es culpa del asesorado y cuando el asesorado gana es culpa del asesor. Cayó estruendosamente el mito de JJ Rendón.
Ahora, la obligación de gobernar es del liberal Aníbal Gaviria quien viene de ejercer como gobernador de Antioquia con reconocimientos nacionales por sus logros durante 2004-2007. Su principal bandera como mandatario regional fue la promoción de La Gran Alianza por la Equidad como un reconocimiento a que el principal problema del territorio es la desigualdad y carencia de oportunidades para la población de Antioquia, con resultados importantes en frentes sociales como la seguridad alimentaria infantil, vivienda popular, seguridad social para los más desprotegidos, seguridad ciudadana y educación.
Ese mismo enfoque de priorizar la lucha contra la pobreza por la vía de atacar la inequidad y la desigualdad, y la valoración de la vida como el principal don individual y colectivo, inspira el programa de gobierno de Aníbal Gaviria para Medellín, condensado en los dos conceptos fuerza: la vida y la equidad.
Medellín es una ciudad donde la inversión pública se ve. Con un muy buen manejo fiscal alimentado por los excedentes y las transferencias de las Empresas Públicas, los recursos financieros han permitido la inversión social en todos los sectores de la localidad. Programas en educación, parques bibliotecas, protección de la niñez, seguridad alimentaria, construcción de vivienda popular, red pública en salud, jóvenes en riesgo, ampliación del sistema masivo de transporte etc. constituyen políticas que se deben continuar y profundizar. En ese sentido Aníbal Gaviria se ha declarado continuista con responsabilidad pública, de lo bueno y reformador de lo que haya que mejorar, además de que tiene la suficiente autonomía y estructuración como para jalonar iniciativas nuevas para la ciudad.
La impronta del nuevo gobierno se va a sentir en la generación de sinergias y oportunidades. La alianza programática firmada con Sergio Fajardo conocida como AMA, Alianza Medellín Antioquia, será fundamental para potenciar los esfuerzos públicos en todo el territorio. Ambos coincidieron como gobernantes exitosos, con identidades conceptuales respecto al manejo de lo público y el ejercicio de la política. La transparencia, el respeto de los recursos como sagrados, la participación ciudadana, son pilares del buen gobierno, como lo preconizan los mandatarios electos.
La conveniencia de la alianza programática Aníbal- Fajardo, alcalde- gobernador, es más significativa ahora cuando la armonía no es la principal característica en la relación de Alonso Salazar y Luis Alfredo Ramos. Los encontrones han sido frecuentes, el último de los cuales fue originado por la decisión inconsulta del actual gobernador de construir un costoso túnel en jurisdicción de Medellín sin un solo acuerdo con la municipalidad. El distanciamiento entre los gobernantes no es un mensaje gratificante a la ciudadanía.
El valor agregado al manejo de la ciudad por parte de Gaviria es fundamental: la claridad conceptual sobre la prioridad de la lucha contra las desigualdades en Medellín, ajena al recurrente paternalismo oficial. Hay voluntad política. Conceptos como creación de condiciones, oportunidades y competencias ciudadanas, hacen parte de la propuesta programática del próximo gobernante de Medellín, sin ningún tipo de distinción.
La meta de los próximos gobiernos de Aníbal y Fajardo es la de terminar sus períodos de mandato en 2015 con un aporte significativo en la lucha por la equidad, para que Colombia deje de ser el tercer país con más desigualdad del mundo. Una realidad no sólo vergonzosa, sino explicativa de la violencia y perturbación social que nos rodean.
El nuevo mapa político post electoral, con Aníbal y Fajardo, será tema para otra ocasión.
Por: Jorge Mejía Martínez
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