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Tinto en Colombia, quiere decir un pocillo de café oscuro. Por las características históricas y geográficas de la exportación de café colombiano a los mercados internacionales, a donde se enviaba el café suave cosechado y escogido manualmente, para su ulterior tratamiento industrial (nunca desarrollado en nuestro país) y, se dejaba para el consumo masivo “nacional”, los granos de segunda calidad o “pasilla”, con los que se cocinaba una solución de café negruzca, semejante a la tinta usada para marcar los costales o sacos de exportación.
 
Esa solución de café negro (creo que por extensión) se llamó tinto y, no se sabe aún porqué razón, pero la práctica de su consumo masivo en los “tintiaderos”, demostró que esa pasilla tenía unas cualidades diferentes para estimular la locuacidad que no poseía el exportado de primera calidad. Así pues que tomarse un tinto en Colombia y echar carreta, es sinónimo de una larga conversación muy animada o agitada al calor de un café negro. 
 
En Colombia dentro del partido conservador también ha existido tradicionalmente una división burocrática entre los “principistas” y los “moderados”, que llegó a su máxima expresión en los años 30 del siglo XX, con la división entre los seguidores del nacional-catolicismo de Laureano Gómez y los social-conservadores o colaboracionistas con los liberales de Ospina Pérez. Por esa razón cuando a mediados del 2001, se inició la ofensiva política de los enemigos ocultos y abiertos (mano negra) del presidente social conservador Andrés Pastrana, a los diálogos de paz del Caguán; el hijo predilecto de Laureano, Enrique Gómez Hurtado, calificó la mesa de diálogos de paz entre el Estado colombiano y la guerrilla de las Farc, como un “tintiadero sangriento donde unos delegados del gobierno y unos jefes guerrilleros se reúnen a tomar tinto y echar carreta, mientras por fuera corre la sangre de los colombianos”. Pastrana había impuesto la opinión militarista de adelantar los diálogos de paz, en medio de la guerra. 
 
Sin proponérselo el jefe falangista colombiano había desnudado las tres principales fallas que habrían de dar al traste con el intento de buscar una solución política al histórico conflicto social armado colombiano y, que actualmente constituyen una experiencia irrepetible e inolvidable. 
 
1- La división insalvable en el seno de la clase dominante y su aparato militar, en torno a las reformas (de todo tipo ) que se habían firmado oficialmente por ambas partes en la Agenda Común de la Machaca en 1999, enriquecida con los 2.553 documentos de las Audiencias Temáticas y que constituyen un tratado legal y legítimo entre partes contendientes. 
 
2- La improvisación de no saber a dónde llegar al final (tomar tinto y echar carreta) o como lo expresó uno de los delegado estatales (tan cercanos al mundo rural) citando el dicho arriero de que “por el camino se arreglan las cargas”; impracticable en un asunto tan serio y complejo como hallar la solución política a tan enmarañado problema social y continental.
 
3- Negociar en medio de la guerra (mientras por fuera corre la sangre) que demostró su manipulación cuando el presidente Pastrana lo usó como justificación, para finalizar el proceso del Caguán.
 
Hoy desconociendo estas tres fallas, algunos crédulos, o ingenuos hablan de la posibilidad de unos nuevos diálogos de paz entre la insurgencia de las Farc, y el gobierno de las locomotoras de Santos, que carece de locomotora (o programa) para la paz y, está empeñado en adelantar a como dé lugar su re-elección presidencial, sobre la base del éxito de su plan de gobierno neoliberal de entrega a las multinacionales, soslayando la profunda división política que se debate en el seno de la clase dominante y dirigente y, que desde ya apuesta al fracaso de un proceso de dialogo para la paz, para montar sobre esa nueva frustración, la re-elección de su máximo representante Uribe Vélez.
 
Ante la carencia de un partido político “legal” de la Izquierda, que oriente y articule en la práctica al creciente y dinámico Movimiento Social colombiano, y conduzca más allá de lo electoral, la movilización del Pueblo Trabajador con el fin de que se apodere de la “llave de la paz” y la exhiba en sus combativas movilizaciones por calles, plazas, y veredas de Colombia; la red que agrupa a las diversas expresiones del Movimiento Social ha tenido que llenar este vacío político y ha tomado la iniciativa de convocar a todo el pueblo y mediante la movilización de masas, a imponer al gobernante de turno la Solución Política al conflicto armado y conseguir la anhelada paz democrática avanzada, con justicia social y soberanía. Eso es lo que se llamaría, un tinto colombiano con final claro.
 
Por: Alberto Pinzón Sánchez
 
 
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El Registro Único de Víctimas tiene en aprietos a las instituciones del Ministerio Público en Antioquia, porque diligenciar un solo formulario toma cerca de hora y media y no hay suficiente personal para atender la demanda de usuarios. La Personería de Medellín ya otorgó citas hasta agosto y la Defensoría departamental hasta septiembre; para ambas instituciones falta apoyo del Gobierno Nacional.

     
 

 

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