Martes, 23 de Agosto de 2011 10:16
Escrito por Julio Hernández
A fines del siglo XX, los líderes mundiales de la época aceptaron incluir entre las Metas del Milenio el objetivo de reducir a la mitad el hambre y la desnutrición en el mundo hacia el año 2015.
¿Era acaso un objetivo demasiado ambicioso?
En lugar de alcanzarse esta meta, la cifra de subalimentados en el planeta asciende hoy a alrededor de mil millones de seres humanos, y se registran hambrunas como la que sufren actualmente unas 12 millones de personas en el Cuerno de África.
La crisis alimentaria en el sur de Somalia, que hizo saltar el tema a las primeras páginas de la actualidad, no es más que el agravamiento cíclico de una tragedia que afecta de manera permanente a los países del Sahel, al resto del África subsahariana y a gran parte de Asia.
Según calcula la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), hay 239 millones de hambrientos y desnutridos en África subsahariana, 578 millones en Asia y Oceanía, 53 millones en Latinoamérica y el Caribe y 37 millones en el norte de África.
Varios millones están ubicados en diversos lugares, incluidos los países desarrollados de Norteamérica, Europa y el continente asiático.
La estadística abarca a toda persona que no pueda acceder a 1,800 calorías diarias, considerada la cantidad mínima que debe recibir cualquier ser humano para poder subsistir.
Incluso en Estados Unidos cinco millones de adultos mayores sufren inseguridad alimentaria, 2,5 millones corren el riesgo de pasar hambre y otros 750 mil de hecho la padecen debido a la repartición desigual de la riqueza, incluso en una sociedad industrializada.
En general, las cifras globales de desnutrición son estimadas en base a la ingestión diaria de calorías, calculada de acuerdo a la producción agrícola del país analizado más las importaciones de alimentos desde el extranjero.
Los datos, por tanto, no son exactos, y menos aún si en este análisis no se incluyen, como es el caso, la ingestión de proteínas, vitaminas y minerales, fundamentales para el desarrollo normal de un ser humano.
El organismo especializado de las Naciones Unidas ha lanzado una seria advertencia sobre la situación actual, ya que el número de desnutridos es ahora superior en 80 millones al de 1990.
Lo más paradójico de todo esto es que la actual producción mundial de alimentos alcanzaría fácilmente para cubrir las necesidades calóricas de todo el planeta, tan sólo si la distribución de recursos fuera más equitativa, según los expertos.
Es más, si se invirtiera en el desarrollo de la agricultura en todas las zonas explotables, combatiendo la desertización y la erosión y acidez de los suelos, la Tierra podría alimentar a una población mundial de 12 mil millones de individuos, asegura la FAO.
Aunque son varias las razones para que el hambre golpee en forma permanente a millones de personas, sobre todo a niños, mujeres y ancianos de los países subdesarrollados, sin dudas se puede afirmar que lo que les falta a unos, les sobra a otros.
Ya en 2009, un documento de la FAO vaticinó que la situación va a empeorarse cada vez más en el Tercer Mundo como consecuencia del cambio climático y el calentamiento global.
El principal impacto hacia el año 2050, cuando el planeta tendrá que alimentar a alrededor de nueve millones de seres, se hará sentir sobre todo en las regiones más pobres, con un declive en la productividad agrícola de entre un nueve y un 21 por ciento.
El análisis pronostica que el cambio climático supondrá a corto plazo el incremento de eventos extremos, tales como sequías, olas de calor, inundaciones y tormentas severas.
Esto sería consecuencia de más altas temperaturas, elevadas concentraciones de dióxido de carbono, malas hierbas, plagas y enfermedades de las plantas, todas las cuales proliferarían por las transformaciones en el clima.
Los precios de los alimentos básicos, que han estado subiendo vertiginosamente en los últimos años, también serán empujados al alza por el cambio climático.
Después de mediados de este siglo, con un incremento aún mayor de las temperaturas debido a los gases de efecto invernadero, decrecerá la producción agrícola en los países subdesarrollados y los precios se incrementarán todavía más.
El impacto más negativo de esta situación se espera que repercuta con mayor fuerza en países tan golpeados por la sequía y las hambrunas como son Somalia, Etiopía, Djibouti, Eritrea, Kenya y otros del África subsahariana.
Hasta ahora, decenios de crisis alimentarias, reuniones en la cumbre y ministeriales, estudios y gritos de alarma, no han servido para revertir esta tragedia y ni siquiera un atisbo de mejoría se puede vislumbrar.
Por: Julio Hernández (PL)
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