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El 9 de septiembre de 1977, Omaira Montoya Henao, una bacterióloga, militante de izquierda, con tres meses de embarazo, se borró del mapa de Barranquilla y hasta hoy nadie conoce su paradero.

Omaira es un referente en el delito de desaparición forzada, porque se reconoce como la primera víctima en el país de un hecho que es diferente al secuestro o a la trata de blancas, y muchos aún confunden.

A la desaparición forzada la acompañan  sentimientos permanentes de impotencia, de angustia, de desespero, pero además, está la constante incertidumbre de no saber si quien esperas está vivo o muerto, de guardar una esperanza nula porque quien quieres que llegue ya no existe, o de perderla cuando aún hay una opción. Como si fueran pocas esas sensaciones, las víctimas de este delito, tuvieron que soportar la indiferencia del Estado que durante 18 años negó la existencia de este ilícito en el país.

En 1982 comenzaron las manifestaciones en contra de los hechos que acontecían desde la década del 70, familiares y amigos de personas desaparecidas salían a las calles colombianas a protestar “Nadie nos escuchaba, pero lo más grave, nadie los buscaba”, cuenta Gloria Gómez, presidenta de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos – Asfaddes.

En ese momento el hermano de Gloria, Leonardo Gómez, un joven estudiante, era uno de los líderes de la causa, pero el 1983, entró a formar parte de los hoy, 63 mil 587 desaparecidos reportados, no sabemos cuántos aún no se han denunciado, y se convirtió en el primer desaparecido por buscar desaparecidos.

“Le truncaron a mi mamá y a toda nuestra familia, el sueño de verlo convertido en pintor, porque él pintaba, y se había ganado una beca para estudiar en Brasil”, cuenta Gloria. En ese momento la lucha de la familia Gómez se hace más fuerte, lideran la organización de las víctimas en una asociación, de la que hoy, a pesar de las constantes amenazas y de que hace solo un mes intentaron llevarse a su hijo, Gloria es Presidenta.

Desde el 4 de febrero de 1983, día de la Marcha de los Claveles Blancos, en una acción colectiva de todos los países latinoamericanos, se comenzó a marchar cada jueves a las 12 del día, era “Una acción de amor” y las súplicas, que casi 29 años no han cambiado eran “Que nos los devuelvan vivos, porque vivos se los llevaron”, “Por la vida y por la paz que nos digan dónde están”. Las respuestas en ese momento eran “viejas locas vayan para la casa”, “en Colombia no hay desaparecidos, eso pasa es en Argentina, seguro su esposo se fue con la amante”, así dijo un policía a una de las mujeres de la marcha.

Buscaban en hospitales, en anfiteatros, las manifestantes se ganaron el apelativo de “busca cadáveres”, “llegábamos diario a los botaderos de cadáveres con un cuaderno, a ver si encontrábamos uno, o un pedacito de alguno, eran un montón de cuerpos mutilados, quemados con ácido (…) Esa impotencia de buscar y buscar y no encontrar, de chocarse con ojos ciegos y oídos sordos a nuestro drama”, dijo la Presidenta de Asfaddes.  En ese momento y ante la indiferencia, comienzan a buscar una ley que les brindara garantías. 

Las víctimas de la desaparición forzada, deben esperar hasta el 2000 para que la Ley 589 de ese año, cree la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas desaparecidas – CBPD, como organismo de búsqueda permanente.

El crimen que según las autoridades sólo ocurría en Argentina, en Colombia duplicó sus víctimas, hasta la fecha, de los reportados, han aparecido 10 mil 855 personas vivas y dos mil 430 muertas, quedan aproximadamente 50 mil personas de las que se desconoce su paradero, entre ellas del hermano de Gloria Gómez, y el de Ángel, quien marchaba para que le dijeran dónde estaban varios miembros de su familia, o el de Claudia, quien también había perdido a su hermano. “Seguimos pidiendo al Gaula de Medellín que nos diga qué hicieron con Ángel y Claudia, porque hay serios indicios de que ellos son los responsables”, dijo Gloria. El pasado 6 de octubre se cumplió un año más de incertidumbre de estos dos casos.

César Ariel es otro desaparecido, “Aurita”, su madre, miembro de Asfaddes, durante su espera le escribía versos en la soledad de su casa. Las letras de doña “Aurita”, narradas en la voz de Gloria, dejan ver, solo superficialmente, el drama que viven los que esperan.

Sueños

Yo siempre te sueño, que llegas corriendo,
Te siento presente, no importan los años.

Te sueño muy guapo, también por los años,
Pero nunca, nunca, te imagino muerto.

Te espero por siempre, a través del tiempo,
Anhelo apretarte, muy fuerte en mi pecho.

Preguntarte cosas, de las que pasaron,
Y sacar de adentro, esa pesadilla, que carcome mi alma.

Te veo como un hombre, con hijos, mis nietos,
Un día presuroso, tocarás mi puerta, arrancando el llanto y borrando el tiempo,
Derribando el muro, de este oscuro silencio.

Lamentablemente, 15 años después, a doña “Aurita”, le llegaron los restos de su hijo hasta su casa. Este es solo un caso, contado someramente, imaginemos las historias de los otros 2 mil 429 que han regresado, pero sin vida, o de las 50 mil familias que desconocen el paradero de sus seres queridos.

Andrés Peña, Comisionado de la CBPD, dijo a varios periodistas del país en un foro sobre la desaparición el pasado 20 de octubre de 2011 “Debo reconocer, como funcionario del Estado colombiano, que en la actualidad siguen desapareciendo personas”. Las autoridades colombianas se dieron cuenta de que esto no se trataba de una fuga de amantes y que merecía atención.

El Comisionado mencionó algunos derechos de las víctimas que por falta de divulgación se desconocen. Por ejemplo, las familias que tienen una hipoteca y alguien de su núcleo es desaparecido, pueden exigir al banco la congelación del cobro mientras se resuelve la situación, el costo del impuesto predial también deja de cobrarse al ser víctima del delito. Hay todo un conjunto de derechos que les da la ley a las víctimas y que muchas veces son desaprovechados por el desconocimiento. En la página www.comisiondebusqueda.com pueden obtener más información.

Otro aspecto que agudiza el drama, es la creencia de que hay que esperar entre 24 y 72 horas para reportar un desaparecido, sin embargo, Peña asegura que esta es una costumbre adquirida de las películas “En Colombia no hay ninguna resolución que diga eso”. La autoridad concluyó que cuando una persona va a poner una denuncia es porque ha agotado todos los recursos, llamar a amigos y  conocidos, ir a lugares que frecuentaba, y como última instancia ha acudido a poner la denuncia, por lo tanto, su reporte debe ser recibido tan pronto llegue.

También se permite que cualquier persona reporte un desaparecido, no tiene que ser un familiar,  ante la Personería o la Defensoría y solicitar la reserva de su identidad. Estos organismos están en la obligación de iniciar un proceso de investigación y facilitar la búsqueda.

 La efectividad en la búsqueda de personas es limitada, “el delito lo que busca es eso, eliminar a la persona”, agregó Andrés Peña, y comentó que el tiempo record en el que se encontró a alguien fue de tres meses, y esto en un caso donde el proceso fue intensivo e inmediato.

En otros casos, donde los años han pasado, y las opciones de encontrar a los desaparecidos se van reduciendo a los más de 30 mil N.N que hay en Colombia, se hace lento y mucho más costoso el proceso, porque la Iglesia “en un acto de amor, saca los restos de N.N y los crema, o los entierra en una fosa común (…) no es rentable para ellos tener ocupada una fosa por la que nadie paga arriendo”, explicó el Comisionado de la CBPD, también agregó “A las personas se les dice, sabemos que quien busca está en este cementerio, pero no la fosa exacta, hacer pruebas a 30 ó 40 fósiles es más demorado y los costos son altísimos. La gente, aún guardando la esperanza, llega a creer que si no les han dado un punto exacto se puede tratar de un error y su familiar no esté muerto”.

La Ley 1408 de 2010, como un homenaje a las víctimas, propone el cruce de información con familiares que quieran dar sus muestras genéticas con restos óseos, pero el fenómeno ya mencionado limita la efectividad de la iniciativa.

Ya son casi 29 años de lucha y casi 34 años desde la desaparición de Omaira. Como bien lo dicen las víctimas contar el delito a través de las cifras es insensible, esos datos presentados, son solo un marco, para imaginar la dimensión de una tragedia ignorada por tanto tiempo y que aún hoy vivimos en Colombia.

No olvidemos, que como dice el cantautor argentino Víctor Heredia “Todavía cantamos, todavía pedimos, todavía soñamos, todavía esperamos, que nos den la esperanza de saber que es posible que el jardín se ilumine con la risa y el canto de los que amamos tanto”.

 

Por: Cheli Melisa Llano Marín

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El Registro Único de Víctimas tiene en aprietos a las instituciones del Ministerio Público en Antioquia, porque diligenciar un solo formulario toma cerca de hora y media y no hay suficiente personal para atender la demanda de usuarios. La Personería de Medellín ya otorgó citas hasta agosto y la Defensoría departamental hasta septiembre; para ambas instituciones falta apoyo del Gobierno Nacional.

     
 

 

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