Domingo, 27 de Septiembre de 2009 04:48
“Córdova, Córdova!, mi efestión, mi amigo, mi valeroso ney! Una sola gota de su sangre valía más que todos sus enemigos!”, palabras de Simón Bolívar al entesarse de la muerte Córdova
Después de haber sido culpado de participar en la conspiración septembrina, la estrecha amistad entre Córdova y el Libertador empezó a fraccionarse. Sin embargo, el Héroe de Ayacucho nada había tenido que ver con aquel ardid preparado contra Simón Bolívar.
Era el año de 1828 y las recientes ex colonias independizadas, unidas bajo la nueva república de la Gran Colombia, corrían el riesgo de fraccionarse por las disputas entre centralistas y federalistas. Frente a esto y desconociendo la Constitución de Cúcuta de 1822, el Libertador se declaró dictador de la Gran Colombia el 27 de agosto de 1828, buscando, tal y como reposa en la historia, mantener la frágil unión de la naciente república. Hecho que enardeció más aún a los enemigos y contradictores de Bolívar. En reuniones clandestinas realizadas en Santa Fe de Bogotá se habló del nuevo régimen dictatorial que negaba las libertades consagradas en Cúcuta; los conspiradores granaditos decidieron: si había que restaurar el anterior régimen había que asesinar al dictador. Fue el 25 de septiembre de ese mismo año en que asaltantes, comandados por Pedro Carujo, irrumpieron en el Palacio Presidencial con el fin de sorprender al Libertador cuando este apenas dormía y así dar al traste con su vida. Nos cuenta la historia que Bolívar salvó su vida gracias a la custodia que Manuelita Sáenz ejerció sobre aquel el día del asalto; al alertarlo el Libertador se escondió debajo de un pequeño puente.
A salvo Bolívar, la dictadura hizo una exhaustiva purga en todos los cuarteles dando con los culpables e instigadores de la conspiración septembrina. Entre ellos estaba Francisco de Paula Santander, arquitecto de las leyes del sueño de una democracia con la Gran Colombia. Santander, amigo del General Córdova, fue encarcelado y condenado por un tribunal de guerra a la pena capital. Y fue allí cuando José María Córdova, como miembro del tribunal, intercedió ante Bolívar por Santander y le pidió expresamente perdonarle la vida al que fuera el vicepresidente de la república, y en cambio condenarlo al destierro.
Ruptura
Los ya viejos enemigos de Córdova nunca le perdonaron este noble gesto con Santander. Si en el corazón de Córdova resonaban los ímpetus libertarios de Simón Bolívar, en su juicio las ideas republicanas, de las libertades ciudadanas, de una vida culta y libre eran afines a las ideas y deseos de Santander. Al evitar la muerte del “Hombre de leyes”, Tomás Cipriano de Mosquera y Rafael Urdaneta declararon como enemigo acérrimo a Córdova, quien ya estaba totalmente distanciado del Libertador.
Mientras tanto los miembros del Consejo de Ministros, presidido por el venezolano Rafael Urdaneta, se devanaban los sesos pensando quién sería el sucesor de Bolívar una vez que éste muriera. “Inicialmente se pensó que traerían un monarca de Gran Bretaña, luego pensaron en traer un monarca francés con la idea de que los hijos de América eran incapaces de gobernarse, y luego hicieron esta idea a un lado ya que querían disputarse la sucesión del trono de Bolívar entre ellos mismos”, aseguró Jaime Arismendy Díaz, biógrafo de José María Córdova.
Mientras tanto, ese mismo Consejo de Ministros haría de Bolívar un monarca, un presidente vitalicio, con sucesión de un senado perpetuo. Situación que se hizo odiosa para Córdova, quien decidió revelarse contra la dictadura y contra el Libertador; Bolívar perdía así la que fuera su espada libertadora: el Héroe de Ayacucho. Convocada por Córdova, en Santa Fe de Antioquia se firmó un acta de desconocimiento de la dictadura de Bolívar, y se dispuso los mecanismos para hacer de Córdova el jefe de la insurrección en la Provincia de Antioquia.
Enemistad
El 21 de septiembre de 1829, Córdova en misiva al Libertador justifica su rebelión contra él y la dictadura; le dice: “yo he creído, señor excelentísimo, que en estas circunstancias no podía permanecer más tiempo espectador tranquilo del oprobio de mi patria, sin traicionar mis juramentos y faltar vergonzosamente a mi deber. Todos hemos jurado sostener la libertad de la república, bajo un gobierno popular, representativo, alternativo y electivo, cuyos magistrados deben ser todos responsables; y sin renunciar al honor, no podríamos prestar nuestra aquiescencia a la constitución de un gobierno absoluto, ni al establecimiento de una monarquía, sea cual fuere el nombre de su monarca.”
Efectivamente Bolívar en respuesta a Córdova, le escribe una carta, donde manifiesta su deseo de deponer sus intenciones monárquicas e invita al General a seguir por los caminos de la amistad que los había unido en los mimos sueños e ideales de independencia y libertad. Sin embargo esa carta nunca llegó al hijo de Concepción. Antes de llegar a sus manos, la carta debía de pasar por las de Rafael Urdaneta, y simplemente el Libertador confió en que la carta corría su trámite normal. “Urdaneta de manera maliciosa retuvo la carta que sabía muy bien no le convenía porque si hubiese llegado oportunamente a Córdova no se habría dado la insurrección de Antioquia”, asegura el cordovista Jaime Arismendy Díaz.
No sólo era su condición de insurrecto, sino su condición de heroico militar, lo que despertaba la más enconada animadversión y envidia en los seguidores de Bolívar y su Consejo de Ministros. Era motivo de envidia que un joven, casi un niño, hubiese llegado al más alto podio de la gloria, al conquistar el grado de General de División de los ejércitos de la Nueva Granada, no por su apellido, por su relea, si no por sus victorias logradas en los distintos campos de batalla.
El Santuario
Sin embargo, esta condición de héroe de la independencia, poco les valió a sus enemigos para acabar con la vida de Córdova. El mismo Rafael Urdaneta, al conocer el contenido de la carta del Libertador, ordenó arrestar y asesinar al insurrecto. La orden se la dio, a espaldas de Bolívar, al general de la Legión Británica Daniel Florencio O’Leary. En su propia casa de Santa Fe de Bogotá, le habría dicho a O’Leary: “elimínenlo, así se entregue, elimínenlo”.
Al mando de O’Leary, 900 veteranos de la Legión Británica se dirigieron hacia la Provincia de Antioquia para perseguir y asesinar a José María Córdova.
Mientras tanto, en la jurisdicción de El Peñol, el hijo de Concepción, adiestraba a 300 hombres que habrían de pelar con él cuando llegara el contingente de la dictadura.
El campo de batalla fue el Paraje de Vahos, hoy municipio de El Santuario. El 17 de octubre de 1829 las tropas insurrectas fueron doblegadas por la Legión Británica, gracias a la información que le suministró al bando enemigo el presbítero José Ramón de Posada, párroco de Marinilla y en otros tiempos amigo personal de Córdova.
Después de la batalla, ese mismo día en una pequeña casa, Córdova malherido yacía sobre una improvisada cama por una bala que le había atravesado el pecho. Allí llegó el mercenario Rupert Hand, quien había recibido la orden expresa de O’Leary de asesinar al General José María. Beodo, y tras burlar la incipiente guardia que custodiaba el lugar, entró a la casa, y dijo:
¿Quién es Córdova aquí?
Yo soy Córdova, ¿qué quiere usted?
-, dijo el General.
Tome usted -, le dijo Rupert Hand .
Y le asesta el un sablazo en la cabeza, le hiende el cráneo. Córdova se lleva la mano a su cabeza y de inmediato otro sablazo de la espada de Hand le mulita tres dedos de su mano. Un tercer sablazo asesino contra su cabeza, tira de bruces al suelo al glorioso Héroe de Ayacucho.
Tres últimas palabras, durante la agonía, habría dicho José María Córdova:
¡Patria, Gloria, Ayacucho!
La historia - Córdova y Bolívar
No hubo un militar de alto rango o un patriota más leal al libertador que General José María Córdova. Sencillamente los recelos y la mezquindad de los aduladores de Simón Bolívar fueron los interesados en su muerte. El efecto no fue lo que ellos esperaban, ante la muerte de Córdova el libertador se declaró en franca derrota, en franca tristeza, se mostró triste, acongojado, apesadumbrado, no celebró su muerte como algunos de manera oportunista quieren mostrar”, confirma Jaime Arismendy Díaz, biógrafo de José María Córdova.
Tomado de: elmundo.com
Escribir un comentario